Against the wind, Bob Seger; un relato breve: Alicia y yo (tercera parte)
Alicia y yo: primera parte
Alicia y yo: segunda parte
La barba me llega al ombligo y las greñas al calcañar cuando desemboco reptando en una gran sala circular jalonada de bocas. Sólo una de ellas, la misma que me ha traído hasta aquí, es ciega; el resto –hasta siete veces siete cuento- presentan puertas.
Abro una al azar y salgo a una sala de juntas llena de puretas. Un tipo gordo y sonrosado está haciendo balance del pasado ejercicio financiero. Fue un buen año, lo sé porque estuve allí o aquí y entonces como ahora y siempre aunque nunca antes tuviera conciencia de conservar este recuerdo en algún lugar de este presente continuo que es mi pensamiento.
Gutiérrez ha interrumpido su exposición, mi presencia parece incomodarle. ¿Será porque estoy al corriente de sus turbios negocios?
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-¿Acaso pensaste que podrías comprar mi silencio, miserable? –grito, aun sin saber a ciencia cierta qué turbios negocios son esos ni qué diablos pinto yo en todo esto.
Todos giran sus cuellos almidonados y sus collares de perlas para mirarme indignados. En esto caigo en la cuenta de que estoy desnudo, me llevo las manos a las vergüenzas y descubro que no, que visto traje y corbata de seda con alfiler de diamante, cuello duro, camisa a rayas, gemelos de oro, pantalón con tirantes.
El tío que se sienta a la cabecera se levanta ceremonioso, y apuntándome con un cigarro puro, o puede que sea un falo de tres falanges, gruñe:
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-Pérez, ¿se puede saber qué hacía usted en el armario?
Definitivamente soy uno de los vuestros, qué tragedia. ¿Qué fue de mi guitarra? ¿Qué de mi furgoneta Volkswagen y mis greñas rebeldes y aquellos sueños de poeta? No, no puedo ser quien soy, no es posible que me haya atrevido a prostituir mis ideales de una forma tan rastrera. ¿O sí?
Allí mismo presento mi dimisión, redactada a toda prisa en una hoja con membrete de la compañía que la secretaria ha tenido a bien proporcionarme. Le pellizco el culo –Llámamé, dice ella; yo todavía no, respondo yo- y a todos digo adiós.
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-Es irrevocable, anuncio antes de cerrar la puerta.





Mayca dijo
Virgen santa la que se está armando en la historia, ¿cómo acabará esto?, esperaremos a ver.
En la última frase creo que te sobra un yo.
La canción mola, no conocía a este cantante.
Besos.
7 Noviembre 2008 | 09:09 PM