LAS AVENTURAS DEL EQUIPO COES. Cuarta parte (continuación)
Desde Africa con abor (I)
Querid@s tod@s:
Por la presente be encuentro bien de salud y con la boral buy alta. También creo saber dónde be encuentro: en algún lugar indeterbinado de la costa sur del Africa que labe con sus olas el océano Indigo, el cual recibe su nombre del color que presentan sus procelosas aguas.
Los habitantes de estas tierras (ver fotografías adjuntas) be recuerdan bucho a los alebanes que este hubilde cobando rescatara de una buerte cierta hace unos días, lo que be lleva a reflexionar si estos dos pueblos, el alebán y el africano, tan separados geográficabente entre sí y sin embargo tan parecidos en su fisonobía, no provendrán de un tronco cobún, un antepasado o ancestro original que, en compañía de su fabilia, habría bigrado de allá para aquí o de aquí para allá, no sé, a priori cada una de estas dos alternativas es tan válida cóbo, siempre que y bientras no se debuestre que no lo es, la otra.

Tebo no estar explicándobe con claridad beridiana, pero cobo no tengo tiempo para expandirbe por las rabas, ni es de vital importancia que así lo haga, ¿qué os parece si olvidáis cuanto he dicho en el últibo párrafo y retobáis conbigo el hilo de la narración?
Lo que ocurre, querid@s bí@s, es que han pasado tantas cosas desde que os envié el últibo inforbe de situación que no sé por dónde empezar, así que lo haré por el final. El correo electrónico que estáis leyendo con aborosos ojos y dulce arrobabiento es buy especial para bí por dos buy buenas razones:
-En priber lugar, porque será el últibo que os envíe antes de partir hacia el norte y, si los hados be son favorables, volver sano y salvo a casa.
-En segundo lugar, porque al escribirlo estoy teniendo el honor de inaugurar el priber cibercafé que se abre no sólo en esta aldea, sino también en buchos kilóbetros a la redonda. De hecho, en cuanto terbine y lo envíe, vabos a hacer una fiestorra por todo lo alto para celebrarlo. Así be lo ha hecho saber el señor Zulu, que es el dueño del cíber y el jefe de la tribu que tan cariñosa acogida ha dado a este hubilde cobando desde que anteayer fuera rescatado de entre los restos del V.A.C.A. de bar, de cuyo naufragio os hablaré bás adelante, si es que así procede y no be hago la picha un lío con los vaivenes de este singular relato.

No sé si recordaréis que, justo antes de iniciarse la operación LIGARTO GIGANTE, este hubilde cobando tobó prestado uno de los superordenadores de pulsera con begapantalla holográfica del capitán Odys. Desde entonces lo he llevado siempre conbigo aunque, dado lo reducido de bis dibensiones, no en la buñeca sino a la cintura. Ha sido gracias a este ingenioso aparatito que habéis venido recibiendo todos los inforbes de situación enviados hasta la fecha, ya que, cobo así os lo cobuniqué en su día, el sisteba de cobunicaciones del V.A.C.A. de bar (Grupo de Palobas Bensajeras o G.P.B. para abreviar) falló de banera estrepitosa desde el binuto uno, quizá porque el capitán consideró oportuno sustituir las palobas por una pareja de colibrís que, aunque be sepa bal decirlo, no estaban todo lo adiestrados que deberían de haber estado para cumplir con sus requeribientos.
Os cuento todo este rollo porque, desde que puso sus ojos en bi superordenador de pulsera y le expliqué qué era y para qué servía, supe que el señor Zulu lo quería para sí, que yo estaba dispuesto a vendérselo y los dos podíabos llegar a un cordial entendibiento, o entente cordiale, cobo así decibos quienes sabebos idiobas.
-¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por él, oh tú venerable y respetado Gran Jefe? –pregunté. El señor Zulu respondió que no tenía dinero, ya que desde tiempos inbeboriales su pueblo ha venido realizando todos sus intercambios coberciales por el tradicional bétodo del trueque. Be ofreció, a cambio, que escogiera una esposa de entre sus innuberables hijas y concubinas.

-Nada be haría bás feliz –dije-, pues son todas buy ferbosas y bacizorras, que desposar a una de ellas y quedarbe en esta tierra de provisión que habita tu valeroso pueblo; pero has de saber, oh tú bagnánibo y sapientísibo Gran Jefe, que este hubilde batracio que os habla no es un trotabundos cualquiera, sino un cobando en bisión secreta que ha de volver a su unidad para ponerse a disposición de sus superiores, a quienes se ha obligado a servir en sagrado y honorable jurabento.
-Tus palabras te honran, pequeño batracio. Dime, pues, qué quieres a cambio del portátil de marras.
-Bien sabes, oh tú Grande entre los Grandes, porque de entre sus hierros tu valeroso pueblo be ha rescatado, que bi nave ha encallado y yace destrozada y a berced de los elebentos; pienso que si no dispones de dinero en efectivo este hubilde cobando se conforbaría con que le proporcionases un bedio de transporte alternativo, a ser posible terrestre, ya que un bás que largo, larguísibo periplo náutico be ha dejado sin ganas de volver a oler el bar en, bás que bucho, buchísimo tiempo.
-¡Ajá! –exclabó el señor Zulu-, haberlo dicho antes: lo que tú necesitas es un borricobrinco.
-¿Ein? –dije yo.
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Desde Africa con abor (II)
El señor Zulu be invitó a subir a la blanca palba de su negra bano, cosa que hice presto y de buen grado; juntos salibos de la choza y cruzabos la aldea, devolvíabos los saludos de cuantos salían a nuestro paso, niños azorados y jóvenes busculosos y jovencitas sonrientes y ampulosas batronas e incluso un viejo que, ignoro si algo despistado o tan falto ya de luces cobo de dientes, celebraba nuestras gallardía, presencia y prestancia arrojándonos cacahuetes y palboteando con subo ruido y alharaca, que irían apagándose a bedida que nosotros íbabos poniendo tierra de por bedio, al coronar después una pequeña loba e iniciar su descenso por el lado opuesto e internarnos en un terreno cada vez bás denso y boscoso, o infestado de boscas, que es lo bisbo, y qué ricas estaban, y cuán gordas caían, crujientes, verdes y apestosas, crunch, crunch. ¡Crunch! Bi bandíbula no daba abasto con tantas cobo había.

-Básicamente, un borricobrinco es una suerte de Pegaso defectuoso cuyas alas no le permiten volar, al menos no de forma contínua y sostenida, pero sí cubrir en poco tiempo grandes distancias en virtud de sus prodigiosos saltos –dijo el señor Zulu-. Pero ya hemos llegado: mejor compruebas lo que quiero decir con tus propios ojos.
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Y he aquí lo que vieron bis queridos ojos de batracio:

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-Buy ingenioso, pero que buy ingenioso. Y digo yo, oh tú poderoso jefe, ¿no tendrás un bodelo en un color bás uniforbe? ¿O es que los dejáis todos así, a bedio pintarrajear?
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-Esas rayas las ha puesto en su pelaje la Madre Naturaleza para ayudarle a hacerse uno con la espesura y esquivar así los colmillos y las garras de sus enemigos naturales, como leones y cocodrilos.
Las alas, en cambio, se las ha introducido la ciencia. Pero esa es otra historia. Quizá mañana por la noche, al calor del buen fuego alrededor de cuyas llamas nos reuniremos bajo la luna llena para celebrar nuestro acuerdo y conversar y brincar y aullar y ponernos ciegos, te la cuente con pelos y señales, si así lo deseas. Ahora lo que procede es que pruebes la mercancía. Y no estoy hablando de petas, esos vendrán luego, y gratis: aquí la maría crece salvaje por todas partes. Te aseguro que una vez hayas subido al bueno del borricobrinco no tardarás lo que tarda en producirse un latido en pedirme que hagamos el trueque.
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El señor Zulu señalaba al alado y rayado jubento, que a la sazón se hallaba raboneando brotes tiernos con aquellos dientes suyos tan obscenos que daba biedo verlos, ¡cuánto bás acercarse a ellos! Y yo biraba al uno y volvía a birar al otro, tratando de dilucidar cuál estaba bás rayado de los dos.
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-Escucha lo que te digo, oh tú hiperbegasuperpoderosísibo jefe, sé que eres noble de cuna y espíritu, bagnánibo de gesto y justo en el trato; sé también que no hay doblez ni baldad en tus intenciones... Lo que ya no sé es si te has dado cuenta todavía de que “pequeño” es un adjetivo que be queda grande; soy bás bien “dibinuto”, y “dibinúsculo” pareceré cuando be subas enciba de esa bestia cuadrúpeda. ¿Cóbo esperas que dobeñe su voluntad, cóbo que lo bonte y sobre sus lobos despegue y el vuelo rebonte y surque los cielos sin caerbe y partirbe el cuello al besar, irrebediablebente, el duro e implacable suelo?
-No te preocupes –dijo el señor Zulu-, y confía en mí. En cómo resolver estos mismos inconvenientes que tú me planteas iba yo discurriendo de la que veníamos hacia aquí. Y ya he encontrado la solución. Por algo mi pueblo me ha elegido como jefe; porque yo noble, lo que se dice noble de cuna, no lo soy, majete. Yo antes era chulo de putas, y aún antes asesino a sueldo, allá en la gran ciudad. Allí cada cual sobrevive como puede, y no como quiere. Pero esa también es otra historia. En esta que nos ocupa voy a enseñarte a montar en borricobrinco, y luego tú dirás. ¿OK?
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Siempre recordaré la de ayer cobo la tarde en que volé por pribera vez. La experiencia, querid@s bí@s, fue inenarrable. Dicen que una ibagen vale bás que bil palabras; espero que ésta las valga, pues yo no hallo ninguna con que engalanarla: cada vez que lo intento be entran ganas de vobitar.

