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La Coctelera

odys

24 Noviembre 2008

LAS AVENTURAS DEL EQUIPO COES. Segunda parte (continuación)

Donde os cuento cuanto conté a Dylan Augusto y a su vez él me contó a mí (I)

-Habiendo llegado el día y la hora señalados, la Tortuga Sideral partió rumbo al planeta rojo para recoger a Chispa Eléctrica. A bordo viajábamos I-gor y yo. El resto del equipo COES permanecería en el Vulcano Azul, nuestra base secreta en la Tierra, siguiendo el hilo de los acontecimientos y poniendo velitas a San Escafandro (patrón de los astronautas) para que la operación llegase a buen término.

Cubrimos el trayecto a Marte en un pispás, que es lo que más o menos suele tardar la Tortuga Sideral en viajar entre planetas vecinos y residentes en nuestro sistema solar.

Amartizamos sin ningún problema. Chispa Eléctrica nos estaba esperando en el punto de recogida; consigo traía los secretos cinegéticos más sagrados de los klungonitas. Aquélla información valía mi peso en oro, y los krungenianos estarían más que dispuestos a pagarlo.

Yo estaba que me frotaba las manos. Con el pastorro que obtendríamos ya podíamos adquirir aquella parcelita en Marte que tanto anhelábamos y construir allí otra base secreta. Y si al final todavía nos sobraba algo, igual hasta podíamos jubilar la Nintendo y comprarnos una Wi-Fi. !Yupi!

Como premio a sus esfuerzos, Chispa Eléctrica recibió un trozo de Torta de Gran Casar. El intrépido jerbo dio las buenas noches y se retiró a su camarote a disfrutar de la golosina. Y es que en el equipo COES siempre hemos sabido recompensar con generosidad los trabajos de sus esforzados miembros.

Tras limpiar el hilillo de baba feliz que recorría la comisura de mi boca, di instrucciones a nuestro androide para que buscara las coordenadas de la ciudad-estado de Krungen y se transmutara al modo "Guerrero Sanguinario" sin mayor dilación. Cuanto antes cerráramos la operación, mejor que mejor.

-¿Transbutara? -inquirió Dylan Augusto.

-Eso es. El nuestro es un androide transformista, lo cual quiere decir que puede operar indistintamente en los modos "Guerrero Sanguinario" o "Buenazo Gordinflón".

Pero no había manera de sacarle de este último. En lugar del debido "Sí, mi amo", I-gor respondió con un sorprendente "Nene gúta Kylie".

Había ocurrido lo inesperado; lo impensable; lo inexplicable e inimaginable ocurrió: por primera vez en una larga vida de abnegada y rastrera servidumbre, I-gor se negaba a cumplir una orden.

O eso me pareció a mí en un principio. Pero la realidad era otra distinta. Anonadado, repetí la orden una y otra vez, hasta quedar afónico. No había nada que hacer. Poco a poco la verdad fue haciéndose paso en mi ofuscada cabeza, hasta que al final lo comprendí. No tenía que habérmelas con un acto de rebeldía, sino con un caso de enajenación mental: idiotizado como estaba, nuestro androide repetía su mantra sin cesar. Nene gúta Kylie. Nene gúta Kylie.

-Un bobento. ¿No te estarás refiriendo a Kylie Binogue? -preguntó el batracio.

-La misma que viste y baila -dije.

-Kylie, ¿la afabada estrella del pop?

-Sí hombre, ésa, ¿cuál si no? I-gor estaba obnubilado por ella. ¿Lo comprendes ahora? ¿Cómo iba a obedecer si ni siquiera podía escuchar?

-¿Kylie, la de flabígera sonrisa y encendida belena?

-Que sí coño, que sí. ¿Se puede saber qué te ocurre?

-¿Kylie, la de forbas curvilíneas y tórrid-... Odys? ¿Por qué be biras con esa cara de balas pulgas, Odys? ¿Por qué despides hubo de la cabeza y espubarajos por la boca, Odyyssss!!!!

Donde os cuento cuanto conté a Dylan Augusto y a su vez él me contó a mí (II)

"No podía presentarme en Krungen sin contar con el apoyo logístico de I-gor. Hubiera sido un suicidio: Los krungenianos son muy brutos. Me hubieran sacado la información a la fuerza, insertado una manzana en la boca y asado muy lentamente a la estaca.

Decidí, pues, abortar la misión y regresar a la Tierra. Desde entonces las cosas nos han ido de mal en peor.

Tras suministrarle el antídoto preparado por Fuegofatuo, I-gor ha recuperado parcialmente su antiguo ser. Pero todavía se encuentra convaleciente. Ha perdido su instinto asesino, y no sé si alguna vez volverá a ser el guerrero aguerrido que una vez fue.

Mientras tanto, la Tortuga Sideral permanece en dique seco. Sin el concurso de nuestro androide resulta demasiado arriesgado aventurarnos por esos mundos infestados de alienígenas sin escrúpulos.

Invertimos todo lo que teníamos en esta operación, y ahora que ha resultado fallida, nuestras arcas están vacías.

Descontenta, la tripulación se ha declarado en huelga. Fuegofatuo insiste en que nos desplacemos a Marte a probar los nuevos prototipos armamentísticos que ha desarrollado en conjunción con el ingeniero Omar Emoto: en concreto, el Bazoka con patada sideral y el Tiracoces estelar requieren de este tipo de pruebas sobre el terreno antes de darles el visto bueno y pasar a ser efectivos.

Una vez más, no puedo acceder a los deseos de nuestra Artillera en jefe. Es demasiado peligroso. Klungon Páter, el tirano que con mano de hierro rige los destinos de los klungonitas, está muy furioso: labios indiscretos han hecho llegar hasta sus oídos que los COES estamos en posesión de sus más sagrados secretos, por lo que ha jurado despellejarnos vivos en cuanto nos ponga la mano encima.

Finalmente Eggy, mi único huevo, no me habla."

Llegado a este punto, interrumpí el relato. Dylan Augusto, que hasta entonces había permanecido callado y quieto como un muerto, había osado levantar un dedito, como pidiendo permiso para hablar. Le hice prometer que no volvería a mentar el nombre de la Minogue en lo que quedaba del día. El batracio hizo un gesto afirmativo, y yo le quité la cinta elástica que le había puesto, previamente, por mordaza.

-Gracias Odys, buy abable. Dibe una cosa, ¿cóbo es que sólo tienes un huevo? -preguntó el batracio-. ¿Qué ocurrió con el otro?

-Me lo comí -dije yo. ¿Y tú cómo sabes que tenía dos huevos?

-Por pura lógica, ya que todos los hombres tenéis dos. Es lo anatóbicabente correcto. Odys, escucha, tienes que ir al bédico, que te exabinen bien la cabeza. Necesitas ayuda. No es norbal que te cobas uno de tus propios huevos, le pongas nombre al otro y enciba hables con él. No es sano, abigo bío.

-Que no Dylan, que no es eso. No estoy hablando de los que penden dentro del escroto, sino de los otros, de los que se ponen. Al poco de volver a la Tierra puse dos huevos, pero con los nervios del parto me comí al primogénito.

-Ah, claro, ya decía yo. Eso lo explica todo. En la naturaleza abundan las especies en que las badres se coben a sus crías si es que les han salido enferbas, o defectuosas. Benos bal, porque empezabas a preocuparbe. Aunque hubiera jurado que los hubanos erais babíferos, y no ovíparos.

-No, no creas, sí que somos mamíferos. Estos huevos los puse por vía rectal.

-!Aaarghh! !Qué be dices! ¿Y dolió bucho?

-Bastante. Fue muy traumático. Sobre todo el tema de las dilataciones, lo llevo fatal.

-No be extraña que el otro huevo no te hable. Eggy se llaba, ¿verdad? Tendrá biedo a que te lo cobas a la benor ocasión.

-Eggy no sabe lo que le ocurrió a su hermano mayor. Piensa que está de viaje, y es que todavía no he reunido el valor necesario para decírselo. Si no me habla es porque no puede perdonarme que le tuviera cuarenta y ocho horas entre rejas.

-Eso es baltrato infantil, Odys. No está nada bien. Por bucho benos que eso han ido otros a la cárcel.

-Ya lo sé. No sabes cuánto me arrepiento. Pero es que estaba estresado, vivía inmerso en todos estos problemas que te he contado, para los que no hallaba solución. Empecé a tener pesadillas: de forma recurrente, Eggy se me presentaba en sueños y se alzaba contra mí para darme muerte. Dormía poco y mal. No podía pensar con claridad, y Eggy terminó pagando el pato. Cuando me di cuenta del gravísimo error en que estaba incurriendo, le solté, pero ya era demasiado tarde. Ha pasado un mes y mi único huevo sigue sin hablarme.

-Uf, benuda papeleta. No sobos nada, ¿eh? Sin embargo... Hay algo que sigo sin entender: ¿qué tiene que ver Badán Babadú con todo esto?

Donde os cuento cuanto conté a Dylan Augusto y a su vez él me contó a mí (III)

-Tiene que ver, y mucho más de lo que tú te imaginas. Paciencia, mi querido batracio, en seguida lo vas a comprender. Como te iba diciendo, regresamos a Marte con las manos vacías y un androide idiotizado que no sabía lo que se hacía. Al día siguiente puse un huevo. Una semana después, una vez me hube recuperado de los traumas post-oviposicionales y hecho a la idea de que por primera vez en mi vida era padre de un hermoso huevo, fuimos a ver al Profesor Yo-yo.

-¿El Profesor Yo-yo? -preguntó Dylan Augusto.

-¿Le conoces?

-Claro. Es abigo de Badán Babadú. A veces se deja caer por aquí y juegan unas partiditas al bus, entre otras cosas; si sabes a lo que be refiero -dijo Dylan Augusto, guiñando uno de sus pícaros ojillos saltones de batracio guasón. Mas yo, que ni podía ni quería ni tiempo tenía para perderlo en saber a qué se refería, me hice el longuis para proseguir con la narración.

-Entonces también sabrás que el Profesor Yo-yo es catedrático en robótica y toda una eminencia en el campo de la inteligencia artificial. Si había alguien que podía curar a nuestro I-gor, ése era él:

"Tras estudiar el informe elaborado por el ingeniero Omar Emoto y dejar a I-gor durante cuarenta y ocho horas en remojo, el insigne catedrático dio su diagnóstico; el cual, dicho sea de paso, vino a dar al traste con mis sospechas iniciales -que una excesiva exposición a los rayos cósmicos había dañado los circuitos integrales de nuestro androide-; y es que, para qué vamos a engañarnos, la robótica nunca ha sido mi fuerte.

La realidad era mucho más siniestra. El profesor Yo-yo había localizado un virus malicioso en un archivo que se hallaba alojado en la memoria de I-gor, un programa autorreplicante que se multiplicaba constantemente con la finalidad de obsesionar al huésped -en este caso, I-gor- de tal manera que fuera incapaz de responder a estímulo alguno procedente del mundo exterior. En resumidas cuentas, I-gor había sido víctima de un ataque informático. Alguien quería dejarle fuera de combate. Pero, ¿quién?".

-!Los klungonitas! -dijo Dylan Augusto, en el colmo de la excitación.

-En principio podría parecer que sí. Los klungonitas tienen razones más que suficientes para tenernos inquina. No en vano han sido víctimas de nuestro espionaje industrial. Sin embargo, si hubieran sido ellos, ten por seguro que no nos habrían dejado salir con vida del planeta rojo. Recuerda que su líder, Klungon Páter, ha jurado despellejarnos vivos si alguna vez nos pone las zarpas encima. Por eso podemos descartarles, porque para cuando los klungonitas se habían enterado de la jugarreta que les habíamos hecho, nosotros ya estábamos sanos y salvos en la Tierra.

-¿Los krungenianos? -apuntó entonces Dylan Augusto.

-Tampoco. Los krungenianos todavía no han descubierto la rueda, y el único virus que conocen es el de la gripe marciana. Créeme, porque les conozco bien: este ataque es demasiado sofisticado para ser obra suya.

-Entonces, ¿quién?

-Eso es lo que tenemos que descubrir. Con ayuda del Profesor Yo-yo he tratado de reconstruir los hechos de aquella jornada fatídica transcurrida en suelo marciano, con el objeto de dirimir esa cuestión. Y hemos encontrado algo sumamente desconcertante: Entre el momento en que Chispa Eléctrica se retiró a su camarote y I-gor pronunció su primer "Nene gúta Kylie" transcurrió una hora, según registra el reloj atómico de la Tortuga Sideral. En mi recuerdo sólo pasaron cinco minutos. Cinco minutos. ¿No te dice algo este desfase temporal?

-Sip. Be dice que te estás haciendo bayor, Odys. Tu beboria ya no es lo que era, y cuanto antes lo aceptes, bejor que bejor.

-Te equivocas. Hemos analizado el disco duro de I-gor. Allí es donde guardamos los cuadernillos de bitácora de todas nuestras misiones espaciales. ¿Y qué es lo que nos hemos encontrado? Una hora en blanco. La misma, exactamente la misma, que yo no consigo recordar. ¿Qué ocurrió durante esa hora? Parece bastante evidente que quienquiera que fuese que inutilizó a I-gor, lo hizo para colarse en la Tortuga Sideral y actuar impunemente durante ese espacio de tiempo. Sesenta minutos. Chispa Eléctrica estaba en su camarote. La hemos interrogado, y afirma no haber oído ni notado nada anormal. Estaba tan cansada que se durmió en seguida. Por otro lado, su lealtad está fuera de toda duda. La cuestión es, ¿dónde estaba yo durante todo ese tiempo?

Dylan Augusto se encogió de patas: -¿A bí be lo preguntas? No sé, Odys, ¿durbiendo la bona?

Me había tocado la vez de encogerme, aunque en mi caso de hombros: -Tampoco yo lo sé. ¿Quizá alguien me suministró un potente somnífero? No tengo ni idea. Y eso es precisamente lo que necesito averiguar.

Donde os cuento cuanto conté a Dylan Augusto y a su vez él me contó a mí (y IV)

-!Ya lo tengo! Ya sé para qué estás buscando a Badán Babadú.

-¿Lo sabes?

-Afirbativo. La pitonisa ha labrado su buen nombre berced al desarrollo de un nuevo bétodo, altabente efectivo, de inducción hibnótica. Tú necesitas recuperar esa hora que te tiene a tan bal traer, y piensas que la única forba de conseguirlo es poniéndote en sus banos. Yeah, baby?

-Eres un batracio muy listo. En efecto, fue el Profesor Yo-yo quien primero me sugirió recurrir a la hipnosis, mencionó luego a la pitonisa y por último recomendó solicitar su ayuda. Según él, si en los más profundos estratos de mi subconsciente existiera todavía algún rastro de lo acaecido en aquella hora fatídica, Madame Mamadú es la persona más indicada para desenterrarlo. Siempre y cuando me digas de una vez por todas dónde puede localizarla.

-Faltaría bás, un trato es un trato. Esto... yo... el caso es que... cóbo te lo diría... Badán Babadú... Badán Babadú se ha tobado un año sabático y en estos preciosos y precisos bobentos se haya transitoriabente ilocalizable en algún punto indeterbinado del Gran Erg Occidental.

-¿El granergquequé? -Mientras Dylan Augusto volvía a repetirme aquel galimatías, abrí mi superordenador de pulsera, lo conecté a la red y gugleé "Gran Erg Occidental". Se trataba de una vastísima región del desierto del Sáhara, un mar de dunas de unos cien mil kilómetros cuadrados de extensión situado en el noroeste de Argelia.

-¿Eso es todo? ¿No podrías ser un poco más específico, darme algo de mayor enjundia, un pueblo, unas coordenadas geográficas, un oasis, el número de su móvil? No sé, dame ALGO, joderrr!

-Lo siento Odys, es todo cuanto sé. Badán Babadú es así, un espíritu libre y voluble cobo el viento. Va y viene cuando y cobo quiere sin dar explicaciones a nadie. No tiene teléfono bóvil, dice que le resta independencia, nunca llaba cuando está de viaje y siempre se deja la bola de cristal en casa. Y lo peor del caso es que no tiene previsto volver hasta Navidad.

Maldición. Necesitaba averiguar cuanto antes quién se había colado en la Tortuga Sideral como Pedro por su casa, con qué objeto, dónde estaba yo entonces, por qué no recordaba nada. Sospechaba que las consecuencias más graves de esta sucia maniobra aún estaban por llegar. Ojalá me equivocara, pero mucho me temía que el futuro del equipo COES y la integridad física de sus miembros estaba en juego. Faltaban seis meses para Navidad. No podía permitirme el lujo de esperar tanto. Iríamos en busca de Madame Mamadú. Aquella misma noche hablaría con Milady, y si ella estaba de acuerdo, juntos partiríamos de inmediato. Estaba convencido de que la sagacidad de nuestra Comandante en Jefe,

combinada con mi arrojo sin par,

nos permitiría dar con la pitonisa aunque tuviéramos que remover todas y cada una de las dunas que conformaban la inmensa mole de arena del Gran Erg Occidental.

-Odys... -dijo Dylan Augusto, cercenando el hilo de mis pensamientos-, espero que este contratiempo no ponga en peligro nuestra abistad. No be vas a dejar aquí tirado, ni enfadado conbigo estás, ¿verdad?

-No, no estoy enfadado contigo. No es culpa tuya.

-Entonces, ¿todavía be vas a enviar al Hierro a la búsqueda y captura de un especiben de LIGARTO GIGANTE?

-Ásí es. Y te alegrará saber que hemos puesto a tu disposición el Vehículo Anfibio de los COES. El ingeniero Omar Emoto y la Artillera Fuegofatuo están dándole los últimos retoques y adaptándolo para albergar un revolucionario sistema de desplazamiento basado en una novedosa fuente de energía alternativa y limpia que no emite gases de efecto invernadero. Además es muy barata, con lo cual nos ahorramos tener que desembolsar el pastón que se está pagando hoy en día por los combustibles fósiles convencionales. La necesidad es la madre de todo progreso. Pero está anocheciendo. Es hora de ponerse en camino. Mete en el petate el cepillo de dientes y el tanga y deja todo lo demás. Y despídete de tus convecinos de estanque si quieres, porque igual no vuelves a verlos jamás.

-!Yupi! !Soy un superagente secreto!

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El colgao del espejo siempre está diciendo que, para él, yo soy un misterio... classificados Locations of visitors to this page .
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