London: first impressions
London, first impressions
Como si de un salvoconducto se tratara, el periódico que he recogido de un asiento justo antes de bajarme del tren me ayuda a abrirme paso sin mayores contratiempos a través del nutrido grupo de repartidores de prensa gratuita que merodean inmisericordes por las inmediaciones de la estación de metro de Camden Town.
Un poco más allá, otro par de repartidores, en este caso de marihuana, se deslizarán fantasmagóricos a mi lado ofreciendo su mercancía en un ronco susurro antes de desvanecerse tras mis espaldas como si nunca hubieran existido.
Son las seis y media de la tarde y hace ya más de dos horas que es de noche cerrada. Londres me ha recibido de la misma forma con que me despidiera allá por el mes de marzo, con el frío y húmedo beso de una lluvia finamente desgranada.
Cruzo la calle, entro en el pub y pido una cerveza, “a pint of Fosters, please”. Danny ya estará en camino. Mientras espero a que llegue echo un vistazo al periódico. Entre el rosario de caprichos, borracheras y escándalos de que hacen gala los protagonistas de la noche londinense, los titulares también se hacen eco del desplome que en el curso de las últimas semanas parecen estar sufriendo los precios de la vivienda en la capital del Támesis. Un estudio realizado entre los comercios más relevantes de la ciudad informa de que éstos han dado el pistoletazo de salida a la temporada navideña con el pesimismo metido en el cuerpo. Vaya por dios, papá Noel ha sido despedido de un gran centro comercial por sentar en sus rodillas a una respetable abuelita.
El estruendo de una banda de heavy-metal se eleva sobre el bullicio que reina en el local cuando mi amigo hace acto de presencia. Se ha dejado una barba que luce espesamente poblada. Aparte de eso, es el mismo Danny de siempre. Nos dirigimos a un lugar más tranquilo donde poder tomar una copa a la par que charlamos tranquilamente.
No muy lejos de allí, un ser monstruoso se ha hecho fuerte en el corazón de la ciudad. Ahora que el miedo late en los corazones dándole alas, el muñeco de nieve diabólico extiende sus tentáculos dispuesto a envolverte en su largo y gélido abrazo. Su reinado no será efímero: ha venido cuando menos lo esperábamos, y lo ha hecho para quedarse.







azulverdoso dijo
A mi Londres me fascinó.
1 Diciembre 2008 | 08:17 PM