London, september 07: every man is his own island
Se estaba haciendo tarde y mi contacto no aparecía por ninguna parte. ¿El lugar? El World´s End, un pub de tantos en Camden Town. El sol ya se guardaba cuando salí a la calle a echar un pitillo. Apenas había terminado de liarlo y esta jamaicana que pasaba prendiendo el suyo se desvió de su camino para darme lumbre.
Thanks, my love –dije. Ella me dedicó media sonrisa y siguió de largo. Se fue, la muy bella. Ni siquiera llegó a despegar los labios.
Apuré el cigarrillo. Eché un trago. La pinta olía –huele- a huevos podridos. La dejo a un lado. Es entonces que capto el mensaje que pide ayuda desde la acera de enfrente.
Help who, y para qué? Es un edificio abandonado, un hospital sin vida. Supongo que al final no les ayudaron. Shite, pienso, y recuerdo aquel otro sitio tan interesante que conocí esta mañana...
...Al asomarme a la ventana vi que hacía un día precioso. Eran las once, el sol calentaba sin ponerse pesado, los árboles se desperezaban bajo una brisa suave y en la calle transitaban sin pena algunas almas marcadas. No hay prisa que valga. A mis espaldas Danny entrelazaba resaca y melancolía frente a un viejo piano.
-Tengo hambre –dije-. ¿Bajamos?
Y lo hicimos. Como mi amigo es vegetariano fuimos a un café en donde la única carne disponible era pensante y tenía pies. Pedimos hamburguesas de tofu, papas fritas y ensalada. Batido de mango para el menda y de chocolate para él.
El tipo de pelo largo, rubio y lacio y un ojo a la funerala me respondió que claro que podía conectarme, pero que el ordenata era muy lento, así que “patience, bro –he says”.
Abro mi cuenta de correo electrónico; no aparece el mensaje que estoy esperando. “Paciencia hermano”, me digo, y vuelvo a la mesa, donde Danny ya le está hincando el diente a su hamburguesa. Está cojonuda, todo hay que decirlo. Y las papas aún más. Toco el cielo sin querer.
Situado en el corazón de Hackney, a cuatro pasos escasos de Hackney Central –la estación de tren-, el “Pogo cafe” no es un antro como otro cualquiera. No se dedica al comercio, sino al entendimiento entre gentes de buena y generosa voluntad. Es una cooperativa llevada por voluntarios, un centro social y un rincón muy especial. Tiene un nosequé punk-anarquista que te invita a quedarte y te empuja a querer saber más. Fisgo un poco, aquí y allá: que organizan sesiones de cine, exposiciones de arte, que necesitan voluntarios para faenar...
(Si queréis echarle un vistazo virtual podéis visitarles en www.pogocafe.co.uk)
También tienen un par de anaqueles con libros usados. El trato consiste en dejar el tuyo a cambio de uno de los suyos. Me despido de Goethe y su condenado Fausto y le doy la bienvenida al Factotum de Bukowski. Lo hojeo sentado en la calle, mientras espero por Danny que ha vuelto a casa a buscar algo de pasta. Pasan dos niñas en bicicleta, una negra grandísima, un abuelo arrastrándose. La luz me acaricia la cara, Chinaski me da puñetazos literarios, suelto una carcajada.
-What´s up, man? –Qué pasa tío? Es Danny, o lo que queda de él, que convertido en mosca ha vuelto a aparecer. “Observo que te has quedado sin alas, pero esas gafas te quedan bien...”
Nos despedimos un rato después, él tenía turno de tarde y a mí me aguardaba alguien en Camden. Paseando por el mercadillo me olvidé de todo, de mi amigo, del café Pogo, de la tarde que se caía, hasta que encontré ese cartel que gritaba “help, please help!”
Es de noche en World´s End. Mi contacto ya no vendrá. Quizá otro día. Salgo a la calle, ya que está prohibido fumar en el pub -no sólo en éste, sino en cualquiera, por normativa legal-. Echo un trago y saco el paquete de tabaco. Qué asco, joder, la pinta huele a podrido. Al encenderlo atraigo el interés de un rasta que pasaba por aquí.
Here comes this guy. He asks for and gets some light.
Dice que le gusta mi mechero, que la llama es más chula que la del suyo. Los intercambiamos.
-¿Quieres? –dice, “do you want some?”
-Some what, bro?
-Crack, my man.
-Oh no, thanks but no.
-Every man is his own island -he says, offering his toothless smile before fading, slowly, into the night.
Echo un trago. La cerveza huele a cuerpos podridos. “Cada hombre es su propia isla”, dijo, ofreciendo una sonrisa desdentada antes de desaparecer, lentamente, en la noche. Invoco a Chinaski y me siento a leer.




Mayca dijo
¿Este lo tenías publicado en el otro sitio? Si es así no lo había leído.
Me gusta mucho cómo describes las cosas, pero en lo de la mosca ya me has liado, jejeje
Muchos besos.
5 Diciembre 2008 | 02:03 PM