24. Kutre story, una novela on-line. Capítulo primero: La noticia (XXIV)
Recogí la bolsa con el bocata de tortilla y la lata de Chupa-cola que había encargado minutos antes para tener algo a lo que hincar el diente durante el almuerzo; aboné el importe de la consumición, compré una de Docudas Rubio en la máquina de tabaco apostada junto a la puerta y salí de la cafetería. Más que llover, parecía que la humedad ambiental a pie de calle se estuviera condensando en un tumulto de gotitas de agua que danzaban sacudidas al capricho de los vientos. Me crucé con un par de vecinos, que saludé aquí con un buenos días fulanita de tal y allá con un qué pasa tron, respetando así esos rituales de saludo personalizado y automático que requiere la convivencia en entornos sociales reducidos en los que no te puedes escaquear de parecer sociable so pena de causar una afrenta irreparable a vecinos y conocidos. Cuando llegué a casa, Bigardito ya se había ido. Sobre el sofá encontré una hoja doblada por la mitad, una nota suya que contenía el siguiente mensaje:
El mar me quiere ver muerto. Las gaviotas me quieren ver muerto. ¿Y por qué? No tengo ni idea. Sospecho que he sido llamado a cumplir una misión, pero, ¿cuál? No lo sé. He ahí el quid de la cuestión, el sentido último de este mensaje, lo que he a toda costa de averiguar. Tengo que meditarlo detenidamente. Algo se me ocurrirá, digo yo. De momento me voy a casa, tengo un hambre que te cagas y mi vieja estará preocupada. Otra cosa: ya me dirás qué hiciste con MI GAVIOTA. Como medida cautelar, me llevo la videoconsola hasta que me la devuelvas. Te recuerdo que ambas son mías. Tú verás lo que haces. Bigardito.
No era un farol: en el espacio que en mi cuarto había venido ocupando la videoconsola de Bigardito sólo quedaba un ominoso hueco, un rectángulo de pulcritud rodeado de polvo y mierda por todas partes. Joder con el tío, ¡qué perra había cogido con la gaviota! Me preocupaba el tono de cortante agresividad en que había sido redactada la nota. Era impropio de él, no casaba con su carácter festivo y despreocupado. "Este no es mi amigo," pensé, "me lo han cambiado". Encendí el móvil y le mandé un SMS, informándole puntualmente de cómo su gaviota había sido puesta al buen recaudo de mi congelador, en donde permanecería hasta el día en que él se personase a recuperarla, así lo hiciera mañana o cuando del cielo cayeran ciento y una ranas, pero que no se molestara en hacer de su consola moneda de trueque porque, lo que era este menda, ya no la necesitaba.
Tampoco yo estaba faroleando. Si todo salía bien, iba a estar demasiado ocupado durante un temporadita como para entretenerme en videojuegos y otras chorradas por el estilo; por lo pronto, pensaba irme de viaje por unos días y, lo que era aún mejor, iba a hacerlo de gorra. Pero la cosa no quedaba ahí, ya que en el paquete iba incluida la posibilidad de poder resolver un misterio. Y todo gracias a Oculta, que se las había ingeniado para rodear la propuesta de suficientes incógnitas como para despertar mi interés primero y excitar mi voluble curiosidad después.
-Prefiero que sean los interesados quienes te pongan al corriente de los detalles -había dicho, permitiendo que sus exquisitos labios bosquejasen el apunte de una sonrisa enigmática-; lo que sí puedo revelarte es que están buscando a alguien que sepa inglés para que vaya a Londres y... uy, casi se me escapa, ¿seré tonta? Lo importante es que te pagarían el vuelo de ida y vuelta y una semana de alojamiento en régimen de media pensión en un "Bed and breaksfast", ya sabes, uno de esos establecimientos hoteleros de tamaño familiar tan típicos de por allí.
-¿Y qué hay del videoclub? Pánfilo Viriato no dejará que me vaya así como así.
-Yo podría cubrirte los turnos; últimamente ando siempre a dos velas, así que unas horas extras me vendrán que ni pintadas; y por tu hermano no te preocupes que ya me encargo yo de hablar con él. Estoy segura de que no le importará lo más mínimo.
-Uf, no sé, suena un poquito extraño, ¿no?
-Tú mismo, si no lo quieres hacer, no lo hagas, pero si estás interesado deberías darte prisa, no vaya a ser que se te adelante alguien más avispado que tú. Total, por ir a hablar con ellos no pierdes nada, ¿cierto? Mira, aquí tienes un número, es de una agencia de viajes. Pregunta por Jénifer, y dile que vas de parte mía. Es una chica a la que doy clases particulares de inglés. Ella te explicará de qué va el asunto. Es muy maja, y de toda confianza. En realidad sólo está haciendo de intermediaria para ayudar a unos amigos suyos en apuros, que son quienes ponen la pasta. Hala, ¿no querías aventuras? Pues ahí tienes una. El resto es cosa tuya.
Esa era, en definitiva, la noticia que, como bien recordaréis, quería y no conseguía dar a los míos desde el primer párrafo con el que he dado el pistoletazo de salida a esta narración, y éste es el relato de las aventuras que me sucedieron, los trabajos y las fatigas, los errores y los aciertos, los éxitos y los fracasos, los odios cosechados, los amores ganados y perdidos; las alegrías y las desdichas, las alianzas que se crearon y las traiciones cometidas, los actos heroicos y las felonías, las pérdidas humanas sufridas... el relato, en fin, de cuanto he vivido a lo largo de este accidentado periplo cuyo incierto desenlace aún hoy estoy esperando, y quizá siga haciéndolo de por vida. Porque inteligencia os supongo, doy desde ya por sentado que a estas alturas habréis deducido que no estáis posando vuestros doctos ojos ante una narración ficticia, sino que antes bien, os halláis contemplando el relato riguroso y fidedigno de aconteceres ciertos que, al estar siéndoos referidos por quien los ha gozado en sus carnes y sufrido en suerte, no dudaréis en tildar de autobiográficos. No sé si llegaré a terminarlo, pues el tiempo se agota, las circunstancias son arduas y la narración larga. Tampoco sé si será el mejor relato jamás escrito, mas esa es la ambición que me anima. De hacerlo con otras miras abandonaría la tarea, por indigna. Otra cosa es que lo consiga. Recordad que la intención y el esfuerzo puestos en cada empeño son los que arbitran el camino, los únicos valores que garantizan que, ocurra lo que ocurra, el trabajo ha sido hecho y el deber cumplido.
Pasé el resto de la mañana haciendo planes y preparativos. Aunque aún no me había entrevistado con nadie, ya había resuelto que aceptaría el encargo que había de llevarme hasta la capital del Támesis. Puse por escrito los acontecimientos de los últimos días. Llevaría un diario del viaje, un cuaderno de bitácora que me ayudara luego a rememorar lo acaecido. Después de almorzar, y en vista de que Pánfilo Viriato seguía sin salir del cubil, opté por tomar prestado su coche -el bólido azul, como él lo llamaba- para bajar al centro. Total, me dije al entrar de puntillas en su habitación, sólo será por unas horas: con un poco de suerte no llegará a enterarse. Saqué las llaves del bólido azul de su escondrijo supersecreto y salí a la calle, no sin antes haber dejado una disculpa garabateada en el pizarrín magnético del frigo, no fuera a ser que al fiambre se le ocurriera resucitar antes de lo previsto y, al descubrir que su vieja cafetera se había esfumado sin dejar huella, cayera fulminado por un ataque de pánico.
Fin del capítulo primero ![]()




Jo dijo
Londrés a la vista. Lo que queda claro antes del viaje es que las mujeres, por acción o por omisión, siempre tienen la culpa, porque es Oculta quien incita a Tristán para que se vaya con viento fresco en busca de los aires del Támesis, no sé si contaminados, pero húmedos seguro que sí.
Le deseo a Tristán lo mejor en su periplo, aunque como él nos adelanta, habrá un poco de todo: amor, desamor, apuros y desapuros. Veremos en qué queda la cosa, pero mal empezamos si lo primero que hace es robarle el coche a su propio hermano. ;-)
28 Marzo 2009 | 09:20 AM