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La Coctelera

odys

1 Abril 2009

26. Kutre story, una novela on-line. Capítulo segundo: El urogallo supersónico (II)

 

Desperté en mitad de un suave quejido. Limpié el reguero de saliva que fluía mentón abajo inundando de babas las barbas de mi perilla; llevaba unos días dejándola crecer y estaba muy orgulloso de ella. Sólo faltaba que también me creciera el pelo lo suficiente como para hacer una coleta y ya habría adquirido ese aspecto estético que iba a ser el escaparate público de mi flamante personalidad bohemia. Pero ahora no podía caer en la autocontemplación, tenía cuestiones más urgentes que resolver. Mi pie izquierdo se las había arreglado para anudarse firme y dolorosamente al volante. Tras unos minutos de enconado forcejeo conseguí liberarlo, apagar la radio y salir del bólido azul. Una lluvia fina seguía cayendo con mansedumbre o desgana, según cómo se mire. En la distancia se perdió el ronquido fugaz de una motocicleta. Un perro flaco se cruzó, cansino, en mi camino, alejándose luego de olisquear los bajos de mis vaqueros en pos del suyo. La persiana de rejilla metálica de El urogallo supersónico estaba levantada. Dentro había luz, y una muchacha que se pintaba los labios ayudándose de un espejito de mano. Era una muchacha bonita. Muy bonita. Volví al coche corriendo a todo correr, saqué la gomina de la guantera, el peine y el bote de colonia Eunuco, me acicalé, subí los cuellos de la chupa de cuero, puse un cigarrillo sin encender en la comisura de la boca, ajusté el semblante para que expresase todo cuanto en mí había de interesante y me lancé cual intrépido aguilucho al ataque.

 Jénifer me recibió con gran profesionalidad no exenta de simpatía, y rogó que tomara asiento frente a ella. Estábamos iniciando las presentaciones cuando la muchacha tuvo que disculparse para atender la llamada telefónica de un cliente. Mientras dialogaba con éste y repasaba los detalles de su vuelo en la pantalla del ordenador, yo me dedicaba a comérmela con los ojos, y cuanto más comía más apetitosa me parecía. Los suyos eran almendrados, del color que emite la miel cuando la pones al trasluz. Tenía cara de madona, sonrisa de diablillo y un cuerpo modelado para pecar.

 -Pues eso es todo. Le deseo un buen viaje y que disfrute usted de su estancia en la Patagonia Occidental. Gracias a usted. Buenas tardes -Jénifer colgó el aparato y dejó que transcurrieran unos instantes hasta que, cansada de jugar con su ratoncito, despegó la vista del monitor y giró ligeramente sobre la silla para entregárseme por completo. Al menos eso fue lo que dijo: -Bien, toda tuya, perdona la interrupción. Me dijiste que te llamabas Tristán, ¿verdad? Ya puedes cerrar la boca, si quieres.

 Pero yo ya no la oía. Su mirada había cruzado el umbral de la mía y se colaba por los pasillos de mi alma como si tal cosa, tanteaba paredes, subía y bajaba escaleras, abría y cerraba puertas; en un sótano oscuro y frío halló aquel cuarto sin ventanas donde un niño vestido de esmoquin la esperaba desde siempre para bailar un vals. Consciente de la conmoción que estaba causando, Jénifer sonrió. Un reflejo de uñas carmesí cruzó el abismo que nos separaba y se apoderó del pitillo que todavía conservaba, milagrosamente, pegado por la saliva reseca al labio inferior de mi boca, aún abierta. La muchacha sacó un cenicero y un mechero dorado de un cajón lateral en su mesa de trabajo, se recostó en el trono desde el que reinaba, cruzó sus largas piernas de lycra y dio un par de intensas caladas. Iba a decirle que la amaba, pero ella se me adelantó con estas palabras:

 -Me imagino que Oculta ya te habrá informado de que vas a viajar gratis.

 -¿Y qué crees que he estado haciendo desde que entré aquí? -respondí.

 Cual cristalino manantial, su risa brotó saltarina y fresca, y desde el mítico árbol del bien y del mal un pajarillo dejó de picotear la manzana sobre la que se balanceaba y pió pío pío.

 -Qué gracioso eres -dijo mi dueña-. No, en serio. Como ya sabrás, existe una persona, una mujer, en concreto, dispuesta a sufragar tus gastos de transporte y alojamiento en Londres a cambio de un pequeño favor, llamémoslo un trabajito sin importancia. No tienes de qué preocuparte, te aseguro que no se trata de nada ilegal. Podrás comprobarlo tú mismo, ya que, como es natural, mi clienta ha expresado su deseo de hablar contigo antes de que pasemos a formalizar las condiciones del viaje, si es que tú y ella llegáis a poneros de acuerdo. Si me concedes diez minutos te explico un poco por encima de qué va todo esto.

 ¿Diez minutos? Le hubiera concedido diez siglos si los hubiera tenido. Sin embargo, exactamente diez minutos más tarde Jénifer me acompañaba hasta la salida de la modesta agencia de viajes, momento que escogí para pedirle una cita. Pero la muchacha ya tenía compañero de baile; se llamaba Ataúlfo Ratero y estudiaba en Boston, Massachussets, para banquero. Eran novios desde el instituto; tenían pensado casarse en cuanto él terminara su máster en ingeniería financiera y encontrara colocación. A mí, que solía encontrar la manera de colocarme un fin de semana sí y otro también, esa idea me resultó insoportable. Como comprederéis, no era plato de buen gusto encontrar y perder a la mujer de tu vida en un mismo día. Mis esperanzas maltrechas se resistían a decirle adiós.

 -No lo hagas -supliqué-, no te cases con él, mira que los banqueros tienen la mente cuadrada y un balance de activos y pasivos por corazón. Jamás se preocupará por conocer los entresijos de tu alma. Jamás lo conseguiría aunque lo intentara. No descansará hasta hacer de ti un objeto decorativo, una máquina reproductora de vástagos, otro activo amortizable en su cartera de inversiones estratégicas. ¿Es que no lo ves?

 Quizá estaba siendo injusto con él y, por qué no decirlo, con el banquero genérico también, si es que tal cosa existe. Pero ya sabéis que en el amor, como en la guerra, todo vale. Odiaba a Ataúlfo Ratero, aborrecía su buena estrella porque su luz eclipsaba la mía, y estaba dispuesto a crucificarle con cuantos clavos ardientes pusiera a mi disposición mi desesperado ingenio.

 -Un día te despertarás entre las sábanas de seda de una cama vacía. Él habrá pasado otra noche fuera y tú te preguntarás cuándo fue que te acostumbraste a ser infeliz. Entonces te acordarás de mí y me buscarás sin éxito, porque ya no estaré cerca: me habré llevado mi dolor al desierto, donde nadie pueda encontrarme. Allí sobreviviré a base de alacranes y sangre de camello. De día contaré los granos de arena para engañar al tiempo, de noche erraré bajo los gélidos luceros del firmamento, eternamente atormentado por tu recuerdo.

 -Ostras, tío, realmente estás como una cabra, ¿eh? -dijo la hermosa agente de viajes, y volvió a reírse de esa forma tan dulce con la que ya  me hubiera asesinado antes-. Ataúlfo es un buen muchacho. Me quiere mucho, y se muere por mis huesos; además, es cierto que llegará a ser alguien. Talento no le falta, y el respaldo de una familia de pro tampoco. Los Ratero mantienen poderosos contactos en las altas esferas políticas, intereses económicos múltiples en España y el extranjero y alguna que otra cuenta en opacos paraísos fiscales. Mira, mira qué anillo de diamantes, zafiros, esmeraldas y rubíes me ha regalado por mi cumpleaños-concluyó, tirando al estercolero todos mis argumentos. El protobanquero me había derrotado, y no me quedaba otra opción sino desearles buena suerte e irme con viento fresco. Como premio de consolación, Jénifer me dio un beso fugaz en la mejilla, que envolví en el paño de mi tristeza, y dijo:

 -Hasta luego, Tristán, si todo sale bien, volveremos a vernos muy pronto.

 Animado por dicha perspectiva, cubrí en un pispás el breve trayecto que me separaba del garito que había en el otro extremo de la calle. Allí tenía que preguntar por la señora Maruja, la anfitriona, de quien podía decirse, estirando mucho el concepto, que era la generosa mecenas que iba a financiar mis vacaciones literarias. Si mi olfato de escritor no me engañaba, Oculta me había puesto sobre la buena pista. Allí podía haber una historia, quizá la historia que llevaba un año buscando, pero ¿cómo estar seguro, si todos parecían empeñados en darme la información con cuentagotas? Tendría que esperar y estar atento al lento desarrollo de los acontecimientos.

 Y así fue como, sin ser consciente todavía del tremendo jaleo en que me estaba metiendo, entré por vez primera en El urogallo borracho, dando comienzo a la azarosa epopeya en la que me he visto envuelto  y que constituye el núcleo verdadero de esta detallada crónica que confío todavía tengáis el buen gusto y la santa paciencia de conservar entre vuestras zarpas.

 

 Fin del capítulo segundo

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20 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Piano  sanchez

Piano sanchez dijo

coño... ya terminaste el segundo capitulo?
este tristan es un poco la indecision pura y dura parece gallego que no sabe si va o si viene... si le gusta una mujer u otra u todas... me gusta me gusta...ya es mi idolo... aunque prefiero que acabe con oculta, pero por lo de la trufas y eso... ejeje
un saludon.

1 Abril 2009 | 10:45 AM

odys

odys dijo

Hello mister Piano,
me da a mí que a este tío le gustan todas, no es un hombre serio y formal, las mujeres parecen ser su perdición.

El capítulo segundo ha quedado bastante raquítico en comparación con el primero, ¿verdad? Visto y no visto, como el correcaminos, mic mic :-)

1 Abril 2009 | 10:54 AM

Piano  sanchez

Piano sanchez dijo

lo bueno si breve dos veces bueno decía un profesor mio... aunque esto no es extensible a las relaciones sexuales con las parientas... ejem.

1 Abril 2009 | 02:12 PM

odys

odys dijo

´No sé, opino que la calidad de algo es independiente de su tamaño, y si no, ahí están "de los Apeninos a los Andes" y "la dama de rosa", que aun siendo más largos que un día sin pan tenían una calidad indudable :-)

1 Abril 2009 | 04:09 PM

Jo

Jo dijo

Pobre Tristán, debería ver el lado bueno de su desengaño amoroso, y es que enamorarse y desenamorarse el mismo día es una suerte se mire por donde se mire. Ya sabía yo que a un Ratero no se le puede hacer la competencia, te pone encima de la mesa un par de rubíes, un zócalo, digo, un ópalo, unas perlas, un diamante, y se queda con la chica. Pero, ¿y la adrenalina que le sube a uno mientras llega el desengaño? Lo importante es narrar el proceso químico, y lo demás son cuentos. Bueno, no me enrollo que es tarde y alguien me está esperando.

Un fortísimo abrazo,
Jo

1 Abril 2009 | 09:51 PM

odys

odys dijo

Tienes razón Jo, son dos intensas experiencias emocionales en un mismo día que aún no ha acabado, quién sabe lo que podría depararle todavía; por ejemplo, yo he vivido en noventa minutos la derrota, el empate y el triunfo final de la selección española. Cierto que no puede compararse con el carrusel emocional del amor, pero el subidón de adrenalina no hay quien me lo quite :-)

Que sean dos los abrazos, et bonne nuit.

1 Abril 2009 | 10:24 PM

Mayca

Mayca dijo

Yo no quiero malmeter, pero tienes un error tremendo en el post:

Cuando hablas del perro y dices en "pos del suyo" tenías que haber puesto "en el post suyo" porque me imagino que estás hablando de Dylan, ese perro que ya tiene su propio blog con sus post y todo.

En cuanto a lo demás, pues a Tristán le gustarán todas, pero el jodío es muy romántico, y se le pasan por la cabeza unas cosas muy bonitas.

Esta novela promete, cada vez engancha más, pero no te digo nada por si te lo crees y luego no hay quien te aguante (*****)

Besos, collejas y torrijas.

2 Abril 2009 | 09:21 PM

odys

odys dijo

Jejeje, sí Mayca, lo que tú digas... Pobre Dylan, para una vez que se abre un blog y sólo se le ocurre hacerlo en una web privada en la que hay que registrarse incluso para poder leer sus aventuras de cánido, muy listo no me ha salido, y encima el muy ingrato se ha abierto el blog para criticar la mano que le da de comer, le está bien empleado.

Seguro que esas cosas tan románticas que suelta Tristán por el buzón no se le ocurren a él, hoy día cualquiera puede encontrar cualquier cosa en internet :-)

Y no te preocupes, que si has escrito algo positivo acerca de esta novela, yo no lo he leído, porque no quiero que se me suba a la azotea, que demasiados grillos tiene ya como para andar llenándola de egolatría.

Besos, lenguados y platijas.

3 Abril 2009 | 12:13 AM

celia-lor

celia-lor dijo

Hola guapo vengo a dejarte biquiños, veo que no perdemos maneras y seguimos disfrutando con la roja, upss! tengo que irme que esta mi jefa. Biquiñosssss

3 Abril 2009 | 05:13 AM

odys

odys dijo

Hello my darling, ya lo sabes tú bien, con La Roja hasta el final :-)

Besos y corpiños!

3 Abril 2009 | 09:41 AM

mla

mla dijo

Pues si... este capitulo breve pero intenso. Mira que enamorarse en tres lineas...
Deberías tener en cuenta cuando escribes que algunos somos excesivamente empáticos. Aún me duelen la eingle la rondilla y el tubillo de la postura en el coche.

3 Abril 2009 | 02:03 PM

odys

odys dijo

Es cupido -léanse por separado, dos palabras, por favor, no confundir con el lanzamiento de esputos sin ton ni son- el causante de tan fulminante enamoramiento, que probablemente se quedará en nada, ahora que le han dado calabazas.

Oye, mala, que si te duelen ingles, rodillas y tobillos, puedes tratar de ponerte en las buenas manos de dolors, que es experta en acupuntura con agujas de tricotar. Dicen que es una experiencia tremebunda :-)

3 Abril 2009 | 02:20 PM

mala

mala dijo

Deja... que esta, a lo peor me arregla el cuerpo con un punto inglés, que la tengo yo calada ahora que hablo idiomas. %-D

3 Abril 2009 | 03:33 PM

Marián

Marián dijo

¡Cómo me has hecho reír! Buenísimo este trozo de demostración de tu mejor humor. Venga, te perdono esta absoluta falta de avance en la historia.

Me temo que se me agotó el tiempo de “recreo” hasta más tarde, así que aunque lea el pedacito de capítulo gozoso que aún me queda, no podré comentar ni seguir protestando hasta después. Jeje. :-)

Besazos.

3 Abril 2009 | 03:41 PM

odys

odys dijo

Jajaja, había una vez un blog en otra plataforma digital que se titulaba "mi novela no avanza", y aunque yo discrepo rotundamente de tus infundadas acusaciones, estoy seguro de que tú no durarías un micromilinanosegundo en afirmar que mi novela bien podría titularse así.

Besotes, y a ver cuándo publicas algo, que se te va a olvidar cómo era el arte aquel de escribir!!!

:-)

3 Abril 2009 | 05:17 PM

Jose Alberto

Jose Alberto dijo

Es todo un personaje este Tristán.. a veces me gusta, como hoy especialmente, cuando dice que estará en el desierto contando granos de arena y bebiendo sangre de camello, jeje.

Por cierto, estás acostumbrado a cambiar el nombre de las marcas, y con el nenuco se te ha olvidado.. (podrías haberla llamado eunuco, jeje).

¿ya está? ¿ya se ha acabado este capítulo? pues va a ser más corto que la ventaja que el Barça sacará al Madrid cuando acabe la siguiente jornada :-)

Voy a por el siguiente, que ando un poco perdido últimamente..

Cheers¡¡

3 Abril 2009 | 05:19 PM

odys

odys dijo

Malaaa, que casi me olvido de tiii!!! Que me alegro de haber contribuido con mi granito de arena a tu poliglotía. ¿Se dice así? Voy a consultarlo con los señores de la RAE...

Pooozí, poliglotía o poliglotismo, que es un idioma colgando y el otro lo mismo.

Besos.

3 Abril 2009 | 05:31 PM

odys

odys dijo

A veces Tristán tiene estas cosas, si es que en el fondo él es güeno...

Cierto, JA, muy cierto... Con sus 6 hojas de extensión, el capítulo va a ser más corto que los 9 puntos que el Barça le va a sacar al Madrid al final de la jornada, lo que me recuerda que aún no he hecho la quiniela ni cobrado los dos eurazos de la anterior.

¿Colonia Eunuco? Me gusta, con tu permiso, igual lo cambio :-)

Cheers, bro

3 Abril 2009 | 05:45 PM

McAbelico

McAbelico dijo

Joder la que me espera, como the official transporter del urocockerel o era translator?

16 Abril 2009 | 01:53 AM

odys

odys dijo

Sus y a ellos, que son pocos y cobardes :D

Give it a shot, y si no te convences siempre puedes decir Diego donde dijiste dije.

Creo que era transformer...

16 Abril 2009 | 10:16 AM

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