39. Kutre story, una novela on-line. Capítulo cuarto: el enviado (IX)
-Me voy a echar al monte -dijo mi amigo, sin preámbulos ni saludos- ¿Te vienes conmigo?
-No puedo tío, tengo que ir a Londres en misión secreta.
-¡Hala qué guay! ¿Y qué misión es esa?
-No puedo contártelo tío, compréndelo, es secreta, pero básicamente consiste en ir a rescatar a una doncella.
-No tienes que rescatarla, criatura -terció Maruja-, sólo llevarle una carta.
-Ah no, resulta que dice la señora Maruja que sólo tengo que ir a llevarle una carta a la doncella, pero que no te lo puedo contar porque es un secreto, así que no insistas.
-Vale, vale, qué flipe tío -dijo Bigardito-, a Londres y en misión secreta, qué fuerte, y además está chupada. La mía en cambio es de un peliagudo que se las trae.
-Joer, ¿tú también tienes una misión?
-Sip, pero la mía no es secreta, así que te la puedo contar: tengo que salvar al mundo, colega, al planeta entero, ahí es nada. Ayer todo era muy confuso: el discurso de las olas, mi capacidad para entenderlo, su ataque combinado con el de las gaviotas... Casi me matan, y no entendía por qué. En cambio hoy todas las piezas han encajado, he resuelto el rompecabezas. Tanto hemos calentado a la Tierra que estamos viviendo el preludio a la orgasmia desenfrenada de los elementos, la Panorgasmia de Gaia, la madre Tierra. El orgasmo es inminente. Gijón será la primera en caer: Las aguas crecerán y nuestra ciudad será inundada. Ese será el primer aviso de Gaia, el primero de una serie de estertores pre-orgásmicos. Pero la Humanidad no les hará caso, no sabrán interpretar las señales, o pasarán olímpicamente de ellas, ya que hay demasiado escepticismo entre los hombres de buena fe y demasiados intereses creados. Muchos gijoneses perecerán víctimas de este primer aviso de Gaia, por eso me alegro de que tú te vayas a Londres, tío, eso significa que podrás salvarte. Yo que tú no me acercaría mucho al Támesis mientras estés por allá. Y cuando vuelvas siempre podrás unirte a mi causa, porque cuando todo este horror haya pasado, tendremos que levantar una civilización nueva sobre las ruinas de la yaciente.
-Qué fuerte. Oye, tengo que dejarte, estoy ocupado.
-Espera tío, ¿qué pasa con mi gaviota? Recibí tu mensaje de texto, supongo que la sigues guardando en el congelador, ¿no? Quiero convertirla en el símbolo de nuestra enseña, la de nuestro grupo. Creo que lo mejor será llevarla al taxidermista, para que la forre bien por dentro. Todavía no he decidido cómo nos llamaremos, los guerreros de Gaia, los surferos del Apocalipsis o algo así nos vendría bien, un nombre que suene guay y sea relevante. ¿Qué te parece?
-Que es un nombre muy chulo, los dos que me has dado lo son. Bueno tío, supongo que nos veremos antes de que te eches al monte, no?
-Claro tío, mañana por la mañana paso por tu casa, recojo la gaviota y hablo con Pánfilo Viriato y Oculta, a ver si se animan a venir conmigo. Y a ti más te vale viajar a Londres en autobús, la mierda que sueltan los aviones degrada el medioambiente que da asco.
La señora Maruja había aprovechado la interrupción provocada por la llamada de Bigardito para ausentarse del salón, regresando instantes después de que me despidiera de mi amigo y recuperando su sitio en la butaca contigua a la mía.
-Mira, es una foto de la nena -dijo. La observé detenidamente. Se la devolví.
-Es muy mona -dije, improvisando un cumplido-. Se ve que ha salido a su padre, sobre todo en lo peludita y corpulenta que es. No parece que le guste tomar mucho el sol, ¿no?
-Pero qué dices, criatura, déjame ver. Ay no, qué cabeza la mía. Esta es una foto que la nena tomó de Copito de Nieve hace unos años, cuando fue a Barcelona con el instituto, de viaje de estudios. Aquellos eran tiempos más felices... -Maruja suspiró, acarició la fotografía y dijo-: Pobre Copito.
Entonces, y a petición mía, nos pusimos en pie y guardamos un minuto de silencio en recuerdo del entrañable gorila albino, que había llevado una vida tranquila y alejada del mundanal ruido en el parque zoológico de Barcelona, donde había gozado del favor, la admiración y el cariño de cientos de miles de visitantes hasta que, víctima de un cáncer de piel, hubiera estirado por última vez la pata aquel 24 de noviembre, hacía poco más de un mes, a la venerable edad de cuarenta años. Finalizado este nuestro humilde y póstumo homenaje, Maruja rebuscó entre el taco de fotos que había traído consigo y me hizo entrega de otra, la cual tomé sin más dilación. Y fue entonces que al descubrir la que sin duda alguna era la visión más arrebatadora que jamás hubieran tenido el placer de contemplar, mis ojos hicieron ¡boeiiiiing! y salieron disparados de sus órbitas. Con la ayuda inestimable de Maruja los recogí del fondo de la estancia, a donde habían ido a parar rodando, y los reinserté en sus cuencas como pude. Y he aquí lo que volvieron a ver, la imagen causante de su desatino: los cabellos eran ondulantes cascadas de fuego que caían rebeldes sobre el óvalo perfecto de la cara, de piel tersa y dorada como el melocotón y suaves mejillas arreboladas. Tenía por labios dos pétalos de rosas rojas, fruncidos en un mohín que a mí se me antojó delicioso, y entre sus pestañas refulgían, enfadadas, las luces de dos esmeraldas. Y he aquí que pude escuchar una música, y hela aquí que era música dulce para mis oídos, tan dulce como el trinar armonioso de los pajarillos con las primeras luces del alba, como el tintineo que hace el polvo dorado de las estrellas al caer sobre un manto de nubes algodonosas, o como el sublime gorjeo de los querubines cuando, sumidos en celestial trance, aporrean entusiasmados sus cítaras, destrozan sus arpas y revientan sus flautas contra el suelo del escenario; y en estos y otros detalles reconocí que era música buena, y que me había enamorado. Lejos, muy lejos, escuché aquella voz temblorosa que tardé en reconocer como propia y decía así:
-Guau, ¿puedo quedármela? Sospecho que voy a necesitarla durante el transcurso de mis pesquisas.
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(Continuará...)





Mayca dijo
oye ¿cuántas setas como las del bote se toma Bigardito al día? que no es por malmeter, sólo por saberlo.
***** y estas cinco son por lo romántico que es el protagonista, qué manera de describir una foto y lo que sintió al verla, toma ya......
Besos y collejas (tampoco has tardado tanto en publicar, sino te hubiese quitado una estrellita de esas por moroso, jejeje)
1 Mayo 2009 | 03:06 PM