Un poema en frío y dos fotos
Es este día de agosto de lluvia y viento gélidos
primavera del coraje que duerme aquí dentro.
Con el temblor de los árboles me sacudo y hiervo.
Una chica bonita me ha pedido fuego.
¿Fuego? ¿Fuego, dices?
¿No ves que tengo frío?
Fuego no tengo.
Pero el frío no lo trae el tiempo.
Es la arquitectura distante,
son las calles del mercado,
son las tumbas son sin muertos
de este templo consagrado
al más puro de los comercios.
Alabado sea el dinero.
Una araña tienta su suerte entre mis dedos.
Hago ademán de expulsarla,
arrojarla a las tinieblas,
o aplastarla entre las yemas
con el más absoluto de los desprecios.
No sé por qué,
mas me contengo.
Con letras quisiera tejer
El hilo de mis pensamientos.
Obtuso y romo te encuentro.
Eres todo quieres y nada puedo.
Hace frío.
Más frío hará si se instala en el centro.
Una paloma picotea los restos
de almuerzos ya librados
entre pulcros caballeros
que intercambian zalameros
las sonrisas tersas,
veladas las Traiciones,
ambiciosos los proyectos.
Dinero, dinero, dinero.
Palomita fea y puerca
que voltea papas fritas
como yo volteo pensamientos.
Desmenuza, da saltitos y ataca.
Un poco de pechuga acá.
Aquí un trocito de lechuga.
De nuevo a las papas con ketchup.
Y tú, sé paciente y encontrarás el fuego.
Llévate demasiado a la boca,
y acabarás escupiéndolo.
Escalofríos de hielo en los tuétanos.
Ay fuego que quemas,
tan hondo te llevo,
tan lejos te siento.
Lucha, no te detengas,
deja que el frío entumezca tus dedos,
que se rebele y bulla la sangre
en la forja de los pensamientos.
¡Busca el fuego, búscalo dentro!
No permitas cunda el desánimo,
avanza cual tortuga,
muerde, caimán,
elévate magnánimo como las águilas
y deja el nido de tus pensamientos.
Vuela y muere, mata ese miedo.
¿Quién dijo que esto era un juego?
Sangra ya, bastardo.
¿Sientas duras las tetillas?
¿Congelados los cojones?
Mil perdones te pido,
¡Eccehomo de los huevos!
Tirita, eso es, tirita,
busca la rabia que fluye dentro.
Enfádate, que yo te sienta,
arranca a mordiscos la capa del desaliento.
Desnúdate, cabrón,
que vea yo cómo grita
este viejo cavernícola
en mitad de otro crudo invierno.
Quizá haya un trozo
de dios en nosotros,
demiurgos de medio pelo,
viajeros de vengo y vas,
Yo-yos que destroza el tiempo,
pero no un trozo de aquel que nunca nos hizo antes
(jamás hubo plan ni diseño)
sino del otro que igual vendrá luego.
Polvo de estrellas somos,
Y al polvo volveremos.
fin





Jo dijo
Vaya poema que te has sacado de la manga.
Tienes una musa muy susceptible, a lo que parece. Algunas estrofas me han gustado, otras no tanto. Es un poema confuso, de los que dicen que uno los escribe más con el hígado que con la cabeza. Llegas a tocar las cuerdas invisibles del arpa interior.
Feliz domingo,
Jo
10 Mayo 2009 | 05:55 PM