42. Kutre story, una novela on-line. CapÃtulo cuarto: el enviado (XII)
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El padre Apelvis habÃa sido descalificado en repetidas ocasiones por el presidente de la Conferencia Episcopal, quien también se habÃa lamentado de carecer de jurisdicción canónica para prohibir lo que no dudó en calificar de bufonadas televisivas que, como mÃnimo, contravenÃan las directrices y orientaciones eclesiásticas; se rumoreaba que lo único que le habÃa salvado de ser expulsado de la Iglesia habÃa sido la larga sombra protectora que sobre él proyectaba un poderoso prelado de la curia romana, un alto cargo en la jerarquÃa eclesiástica vaticana, e incluso se llegaba a insinuar un nombre, el del cardenal Gasprietas, un hombre de confianza del Papa bajo cuya supervisión se encontrarÃa nada menos que la Guardia Suiza Pontificia, y quien estarÃa unido al padre Apelvis a cuenta de un oscuro y truculento pasado común.
 Para abreviar os diré que el escándalo de los falsos milagros habÃa sido masticado, deglutido, asimilado y defecado por la gran hidra mediática, que procedió a enterrarlo sin ningún miramiento en la fosa común del olvido para pasar a ocuparse de salpimentar, preparar y vender otras noticias de actualidad con que alimentar a la morbosa masa siempre hambrienta. El padre Apelvis se habÃa disculpado en público y el público soberano le habÃa sabido perdonar: el personaje era demasiado simpático como para no mostrarle la clemencia del pulgar. A fin de cuentas, habÃa argumentado el risueño sacerdote en aquella entrevista con Rosita Cutarras, él no podÃa saber que las personas al otro lado de la lÃnea telefónica eran unos impostores, ¿verdad?
 -Mi conciencia está tranquila. No sé quienes son los responsables, aquellos que han golpeado la mejilla que yo ofrecÃa en buena fe, pero ya les he perdonado, y como ferviente seguidor de las enseñanzas de nuestro señor Jesucristo que soy no dudarÃa en poner la otra mejilla si fuera necesario. Es más, quisiera aprovechar la ocasión que me brindas, queridÃsima Rosita, que hay que ver lo guapÃsima que estás esta tarde, para presentar ante toda España mi nuevo libro, "los verdaderos milagros del padre Apelvis: una aventura mÃstica en la Amazonia", cuya edición en rústica ya podéis encontrar en las librerÃas y tiendas especializadas del paÃs al módico precio de cincuenta euros el ejemplar, y eso ya es de por sà un milagro, jijiji.
 Por su parte, Tele-Q3 habÃa pedido públicamente perdón y ofrecido donar a una O.N.G. de su elección una cantidad de dinero aproximadamente equivalente a la recaudada con los cientos de miles de llamadas que habÃa tenido el programa del padre Apelvis durante sus dos años de emisión. Asà mismo, prometÃan investigar aquella trama fraudulenta hasta el final, depurarÃan responsabilidades y despedirÃan fulminantemente a los culpables un año cualquiera de estos.
 Con un personaje como el padre Apelvis bien podrÃa construir una gran novela, pensé, una suerte de "El pájaro espino" a la española. Y ahora resultaba que la señora Maruja, mi anfitriona, le conocÃa en persona, e incluso afirmaba cartearse con él. Me hubiera gustado averiguar más detalles, como por ejemplo qué sabÃa ella que hubiera de cierto acerca de sus supuestos escarceos amatorios con una conocida actriz, pero preferà centrarme en el tema que nos ocupaba.
 -Es una pena que su hija haya desaparecido en Inglaterra, de lo contrario estoy seguro de que un contacto en Tele-Q3 como el del padre Apelvis hubiera sido capaz de mover los hilos necesarios para garantizar su participación de usted en el programa de Sierpe Guerrera -dije.
 -¡Qué va! Quizá hace unos meses hubiera sido posible, cuando trabajaban juntos en Mega-Rosa y se llevaban muy bien. Mismamente me estaba contando el padre Angel de Jesús el otro dÃa cómo desde que Sierpe se enemistara con Rosita Cutarras él habÃa dejado de ser santo de su devoción. Pero dejémonos de charla, criatura, que nos van a dar las mil y gallo. Seguro que tienes tantas ganas de ir a correrla por ahà como yo de ir a rezar el rosario. Toma, sujétalo bien, no se te vaya a caer.
 Mientras hablaba, la señora Maruja habÃa recogido la voluminosa figura del niño Jesús y la habÃa depositado entre mis brazos; entonces se dio la vuelta y se agachó para hurgar entre la paja del pesebre.
 -Joder con la vaca gorda, ¿puesss no te essstá poniendo el culo a tiro? ¿Por qué no atacasssssss torito? EmbÃssssstela, vamossssshombre, ¿no vesss que lo essstásssdesseando?-bisbiseó la serpiente desde su escondrijo.Â
 -Cállate, ahora no procede -respondà en susurros. La señora Maruja me entregó dos sobres de color crema. Uno fino que contenÃa la carta. El otro, mucho más abultado, era el repositario del dinero:
 -Mil quinientos euros en billetes pequeños, usados y sin marcar, como en las pelÃculas -dijo, riéndose-. Recuerda, nadie excepto Eva MarÃa debe saber que llevas una carta, ni mucho menos que te estoy pagando para hacerlo, porque como se entere mi marido, nos mata a ambos, a ti y a mÃ.
 -¿Cómo sabe que no voy a cogerlo y desaparecer con viento fresco?
 -No seas tonto, criatura. Eres el enviado del Todopoderoso, ¿cómo ibas a hacer algo semejante? Además ya te he dicho que tengo un sexto sentido que me dice que puedo fiarme de ti. Nunca falla.
 -Es mucho dinero. Con mil euros tendré más que suficiente.
 -Quita, quita, Londres es una ciudad muy cara. Recuerda que todavÃa tienes que sacar el billete y pagar tu alojamiento y manutención, puede que durante siete dÃas. Y además tendrás que divertirte un poco, visitar museos y demás. El dinero ni siquiera es mÃo, me lo ha dado un alma caritativa para ayudarme en este trance, asà que tú no te preocupes. Dime, ¿cuándo crees que podrás ir?
 -A ver, mañana es sábado, asà que puedo ir al Urogallo Supersónico por la mañana y arreglarlo todo con Jénifer. Después pasaré por aquà para informarla de las novedades. Y si no hay problema, el lunes mismo podrÃa salir para allá.
 -Amén, hijo, loados sean los Cielos -dijo la señora Maruja-. Has de llamarme en cuanto sepas algo de la nena, ¿lo harás?
 -Señora, prometo darle un telefonazo todos los dÃas. Es lo menos que puedo hacer. Encontraré a su hija, le daré la carta, hablaré con ella y trataré de convencerla para que sea ella quien la llame a usted.
 -¿Entonces nos vemos mañana? Qué tarde se está haciendo, por Dios-dijo Maruja tras consultar otra vez las manecillas de su reloj.
 -Correcto, mañana al mediodÃa. No la entretengo más. De todas formas, es una suerte que haya sido previsora y ya esté arreglada -dije, al recordar el vestido rojo que mi anfitriona llevaba puesto bajo la bata.
 -Cierto, criatura, muy cierto. TodavÃa tengo que pintarme un poco antes de salir, pero vestida estoy. Ay, espera, pero qué tonta soy, casi se me olvida -exclamó Maruja, que salió corriendo de la habitación y volvió al cabo con un paquete del que me hizo entrega.
 -Aquà dentro van un par de kilos de fabes de La Granja, unas morcillas, lacón, chorizo y canelita en rama, los ingredientes indispensables de una buena fabada asturiana.
 -Es usted muy amable, no tendrÃa que haberse molestado. Muchas gracias, se lo agradezco de corazón. ¡Con lo buena que está la fabada!
 -No, si no es para ti, alma cándida, sino para Eva MarÃa, que se vuelve loca por ella. Pero espérate, que te envuelvo una en un santiamén.
 -Oh, no se moleste, de verdad se lo digo, señora, no quisiera que llegase tarde a su cita por mi culpa. He de confesarle que aunque a mà también me gusta la fabada no suelo probarla, me provoca flatulencia.
 -Como a todo el mundo, criatura. No hay de qué avergonzarse, las ventosidades también forman parte de la Creación. ¿Ves? -dijo, soltando un pedo tremebundo que me obligó a salir precipitadamente del cuarto antes de que se convirtiera en cámara de gas, y sin tiempo casi para decir adiós.
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(Continuará...)





Jose Alberto dijo
Lo he leÃdo hace un buen rato, pero cada vez que entraba a comentarlo tenÃa que salir por patas, por culpa de los efluvios que la señora Maruja - por la gracia de Dios- ha dejado en las últimas lÃneas.
Veo que aún le duran los efectos de la seta al pobre Triskán (¿se llama as�), mira que estar tentado de "atacar" a la señora pedorra... :-)
¿será el padre Apelvis quien inspire finalmente a nuestro protagonista para escribir una novela?. Yo apuesto a que no, a que se acaba tu novela y la suya aún no ha empezado.
Pero la respuesta sólo la tienes tú.... y el AltÃsimo :-)
Cheers¡
11 Mayo 2009 | 06:57 PM