45. Kutre story, una novela on-line. Capítulo cuarto: el enviado (XV)
Medio arrastras, medio a gatas, avancé hasta escurrirme por el hueco que mediaba entre los guardabarros de dos vehículos que había aparcados junto al bordillo de la acera de enfrente. Aún aturdido, me recosté en la pared de la fachada. Desde allí no podía ver el coche que había amortiguado mi caída, pero sí el ventanuco por el que había sido escupido a la calle. Era un cuadrado de quieta y densa sombra dibujado en la pared. No parecía que hubiera nadie al otro lado, ni se oían ruidos que procedieran de allí. Parecía increíble que mi cuerpo hubiera pasado por una abertura tan estrecha. La alarma del coche siniestrado continuaba emitiendo su estridente ululato, que acompañaba de destellos de luz intermitente. Algunos vecinos de los inmuebles colindantes se habían asomado a las ventanas y expresaban de forma espontánea sus variopintos pareceres.
-¡Sinvergüenza!
-Joer, ¡vaya cómo ha quedao el coche! Ni planchao, oye.
-¿Se encuentra bien, joven?
-¡Llama a la policía, Chemari!
-Mami, ¿puedo tirarle cacahuetes?
Sentí náuseas, y unas ganas irrefrenables de vomitar. Una arcada doblegó mi espinazo. Abrí la boca y por ella salió, alegre y dicharachera, mi amiga la serpiente.
-¡Fiuuuu! Menuda caída. Casssi no lo contamosss. ¿Tutto bene?
-Parece mentira, pero creo que no tengo nada roto -respondí, tras palparme las costillas. Estaba perdiendo sangre por la pantorrilla que había sido mordida; dolía horrores, y mis constantes vitales se hallaban por los suelos. La serpiente olisqueó la herida, se coló por el boquete que aquellos colmillos salvajes habían dejado en los pantalones al llevarse un buen trozo de pernera junto con un pedacito de mi pierna, trepó hacia arriba y se anudó fuertemente alrededor de la base del muslo. Sentí cómo su cabeza se deslizaba por mi vientre, y un breve forcejeo en la entrepierna.
-¿Ssseríasss tan amable de abrirte la bragueta? No veo nada -dijo al cabo el ofidio. Desabroché un par de botones, y por allí surgió su cabecita.
-Sssituasssionesss desssesssperadasss requieren de medidasssdesssesssperadasss. Puede que yo nossea tu enfermera cashonda, pero puedossser tu torniquete. Y también tu GPEssse. Venga, levántate y anda, Lásssaro, hay quessseguir el rassstro de Maruja entre la gente. No puede andar muy lejossss.
-Es inútil, me rindo, ¿para qué seguir? No merece la pena. Déjame aquí y vete tú, si quieres.
-Tienesss que venir conmigo, ¿sssomosss un eguipo o no losssomosss? Ademásss, no puedesssquedarteahí, no tardarán en venir losss maderosss, ya sssesssgushan lassssirenasss a lo lejossss. Cómete otra ssseta y essstarásss como nuevo, lassssetasss ssson para nosssotrosss como lasss essspinacasss para Popeye.
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(Continuará...)




lluna dijo
Hola Odys,
Pobre Tristán, vaya porrazo que se ha pegado y que viciosilla es la serpiente, tanta seta, a ver si va a provocar una sobredosis. Además es muy apañà con eso de que entre luz por la rendija de la bragueta para observar la herida. Muy ingeniosa.
No sé si el pobre Tristán tendrá fuerzas para seguir a Maruja. Esperemos que sí, que ahora quiero saber a dónde demonios va esa mujer.
Besos!!!
18 Mayo 2009 | 05:57 PM