Ruta 2. Gijón-La Ñora-La Llorea-Deva-Gijón. 30Km.
Más ancha que alta y algo seca tirando a arisca, la patrona del merendero me informa de que el camino más corto para llegar al camping de Deva lo proporciona la carretera nacional. "Poco más de un kilómetro", dice. "En cambio si tomas la comarcal que sube a Peón serán tres como mínimo". No me apetece nada coger la nacional. Acabo de dejarla atrás; dos kilómetros de curvas muy cerradas y exiguos arcenes infestados de ortigas han sido suficientes para convencerme de que vale más dar un rodeo que arriesgar el tipo.
-Prefiero la comarcal, gracias -respondo. Ella se encoge de hombros y regresa a su plato de lentejas, que devora con la misma ansiedad con que disfruta de la telenovela, placeres ambos que ha tenido que interrumpir para venir a servirme. Quizá de ahí la cara de mala leche. Hay dos parejas a mi izquierda compartiendo mesa. Las partes contratantes de la primera pareja discuten a voces, siendo observada su disputa por las partes contratantes de la segunda pareja que, entre respetuosos y aburridos, guardan silencio: Ella corre peligro de caerse, de un momento a otro, dentro de uno de sus dilatados bostezos para no volver a salir de allí jamás; él repesca los restos de la comida con el mondadientes. Termino de un trago lo que queda del refresco y me dispongo a cubrir los trece kilómetros que completarán la ruta de hoy. Son las cinco de la tarde.
Salí de casa a la una. Tras una semana de fríos y humedades las terrazas gijonesas rebosaban llenas de caracoles sibaritas que se desperezaban al sol dominical mientras le daban al vermú y a la lengua antes de proceder a hincarle el diente al almuerzo. La playa de San Lorenzo era un hervidero de voces y cuerpos, y en el paseo era difícil escurrirse por entre el gentío en busca de parajes desiertos. Poco o nada voy a contaros de esta primera parte del trayecto, ya que se trata del mismo recorrido cubierto en el post del otro día. Si acaso, que los cielos eran diáfanos y el horizonte se clavaba en los ojos de la madre del emigrante, haciendo más angustioso su eterno e indefinido adiós.
Estatua dedicada a la madre del emigrante. Gijón, Paseo del muro de San Lorenzo.
Una vez salvado el cabo de San Lorenzo, el perfil de la costa oriental nos enseña los dientes desde la colina del Cuervo. Éste es uno de los puntos de despegue favoritos para los aficionados al parapente. Cuando sopla el nordeste, las corrientes de aire frío que llegan desde mar adentro suben por las paredes rocosas y empujan hacia arriba la masa de aire caliente del interior, formando una columna térmica ascendente que permite a los parapentistas sobrevolar una y otra vez el contorno rocoso a su antojo.
En el kilómetro diez de la ruta la playa de La Ñora se impone, al igual que en la excursión anterior, como parada obligada donde repostar energía antes de cubrir los dos tercios que restan para completar la treintena. En esta ocasión opté por no bajar al arenal. Demasiada gente. En su lugar, me quedé colgado de la barandilla del mirador, donde la tranquilidad estaba asegurada y las vistas invitaban a la contemplación.
Saqué los frutos secos y las uvas pasas, y con una navaja suiza le arranqué el corazón a una manzana tras haberla partido en dos. También me he traído medio litro de bebida isotónica. La botella tiene forma de biberón. Suena bien, ¿verdad? Bebida isotónica. Con sales minerales. Sodio, potasio, magnesio, kriptonita, detritium, y otras. Adaptada a las exigencias que un intenso desgaste muscular conlleva. El 87% de los consumidores encuestados sienten que al tomarla se reponen más rápidamente. Eso sí, sabe a hostias en vinagre.
Mientras prosigo valle adentro a la sombra de robles, álamos y abedules me pregunto si llegaré a transformarme en un friqui del senderismo, o lo que es peor, en una suerte de Forrest Gump dispuesto a dar la vuelta al globo pertrechado con una brújula, un astrolabio, un casco refrigerado, una reluciente vacinilla a pedales y un bidón de bebida isotónica a la espalda con el logotipo del espónsor bien a la vista, así como una pajita incorporada para ir libando por el camino.
(Continuará...)



Mayca dijo
A ver, varias cosas;
Las fotos de cine, el texto que las acompaña una pasada, pero tengo dudas:
-Podrías haber contado la historia de la estatua de la niña, que la verdad es que da miedo verla, no me preguntes por qué.
-Da gusto saber que te puedes poner a tomar el sol en top less sin que ningún senderista te eche una fotico ¿eh?
-Si en vez de la bebida isotónica con tanto ingrediente te tomas una sangría te repones antes y vas más deprisa, pero después de echarte la siesta, claro.
-Y menudo madrugón te pegaste, a la una dice que salió de casa, para estas cosas uno madruga un poquito más hombre.....
Creo que no tengo más dudas ni nada más que decir (de momento).
Besos y collejas.
23 Junio 2009 | 02:05 PM