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La Coctelera

odys

8 Julio 2009

El hijo infame de Mary Shelley

 

Amo el carnaval porque son las únicas fechas en que puedo salir del castillo y bajar a la ciudad: por alguna razón que desconozco, los fanáticos habituales desaparecen, llevándose consigo sus guadañas, sus teas y sus hachas, sus miedos y su ignorancia, y esos mezquinos cánones de belleza con que pretenden justificar  su fealdad manifiesta. Entonces las calles se pueblan de seres dispares que lucen con alegría sus diferencias y organizan fiestas en las que a los más atrevidos nos toca desfilar, para mayor deleite de esa variopinta multitud tan amiga de alegres sorpresas. Soy feliz: mi tamaño y mi aspecto reciben parabienes, nunca rechazo. A estas buenas gentes les encanta  que haga demostración de mi voz portentosa, y no son pocos quienes, tras escuchar un variado repertorio de mis rugidos  favoritos, me ruegan encarecidamente que les brinde otro. Incluso alguna vez  he ganado un concurso de belleza -no muchos, pues habéis de saber que el nivel de los participantes suele ser muy alto. Pero lo que más me gusta es que los niños se sienten en mis rodillas a tirar de los tornillos mientras recorren los costurones con las caricias de sus manitas. Sus padres se ríen y aplauden, y yo con ellos.

 

El resto del año vivo oculto y temeroso en la ruinosa soledad de mi castillo, donde todos los días se impone  un miércoles de perpetua ceniza.

 

fin

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17 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jo

Jo dijo

Pobre Franck, que haya terminado en espectáculo de carnaval, y que además se dé por satisfecho, es algo que no tiene nombre. ¡Si Mary levantara la cabeza!

9 Julio 2009 | 07:02 AM

odys

odys dijo

Sí, pobre, al menos un día al año es feliz. Los hay que ni eso. Quizá sería mejor que se fuera al Polo Norte, el verdadero destino que para él escribiera Mary.

9 Julio 2009 | 10:29 AM

Marián

Marián dijo

La ternura que, quizá sin querer, desprende este texto, es una de mis favoritas. Me gusta creer que las víctimas de la crueldad constante de los suyos pueden conservar a pesar de todo, un corazón bueno y generoso. Aunque lo más probable sea que los hombres y mujeres elefantes no alberguen más que la rabia y la bestialidad a la que han sido sometidos. Yo fui una niña sapo y, milagrosamente, sobreviví, pero sólo fue un rato corto de la vida.

De lo mejor que te he leído, que es mucho decir.

Un beso.

9 Julio 2009 | 11:05 AM

odys

odys dijo

¿Una niña sapo? Transformada entonces, como en el cuento, en una encantadora princesa. Princess charming, I guess ;-)

Me vienen a la cabeza los niños guerrilleros del Africa subsahariana, pequeños asesinos despiadados y embrutecidos, auténticas máquinas de matar. Hay escuelas e instituciones que los recogen y consiguen devolverles gran parte de su humanidad perdida.

Besos y pas, sweet lady Marián.

9 Julio 2009 | 11:50 AM

Amén

Amén dijo

Vaya... coincido con Mayca en que es de lo mejor que te he leído y en que desprende mucha ternura tu texto aunque añadiría que tiene un profundo regusto amargo.

Es triste, son tantos y tantos los que viven en eterna cuaresma, y tantos y tantos que ni tan siquiera pueden amar el carnaval porque no lo conocen..

Y son tantos y tantos los que viven un eterno carnaval...

En fin..

Besos Maguilote

9 Julio 2009 | 12:08 PM

Amén

Amén dijo

Sorry, cambiar Mayca por Marián, glups...

9 Julio 2009 | 12:09 PM

Mayca

Mayca dijo

A los buenos días;

Pues yo coincido con Marián y con Amén, es un texto muy bueno pero deja un regusto amargo.

Un cordial saludo, y mandaría una colleja para no perder las buenas costumbres pero de momento me contengo.

9 Julio 2009 | 12:55 PM

Marián

Marián dijo

Sí, es una tarea ardua y por desgracia en muchos casos inútil, porque todo puede ensuciarse hasta la náusea, pero no todo puede lavarse lo suficiente como para no apestar para siempre. Ésas son las roturas que me dan miedo, las que ya no se pueden soldar. Pero bueno, algo sí que se consigue cuando se trabaja recogiendo y juntando pedazos porque, aunque no haya nada que borre el daño hecho, al menos deja de hacerse y hay un plato de cariño caliente en su lugar, ¿no?

Ah, se me olvidó decirte antes lo afortunado que eres. Es de una suerte extraordinaria haber distinguido un Ent y conservar su imagen.

Antes un beso, pues ahora un pas.

9 Julio 2009 | 04:13 PM

odys

odys dijo

Llevaba unos minutos dando vueltas a lo del Ent cuando se me encendió el bombillu... a medias. ¿Criaturas de El señor de los anillos, quizá?

Me alegra que el texto haya dejado un regusto amargo, pues esa era la intención.

Amén, no te preocupes, Miriam está acostumbrada a que nadie la llame Marián, no creo que te lo tenga en cuenta ;-)

Mayca, te devuelvo el cordial saludo así como el contenido ademán.

Miriam, yo creo que la vida está jalonada de roturas que no pueden volver a soldarse, y que no tienen por qué darnos miedo, si se han roto así por algo será.

Lo que nos queda por caminar siempre queda delante, jamás detrás. Hablando de caminatas, hoy he hecho una rutilla chula chula, entre Gijón y Candás. A ver si un día de estos cuelgo unas fotucas.

Besos y pas, ladies, mañana más.

9 Julio 2009 | 09:42 PM

Miriam

Miriam dijo

En efecto, los Ents son los pastores de árboles de Tolkien, los gigantes que velan de los bosques.

Las roturas a las que temo no son las fracturas de situaciones sino las de personas. Me refería a los niños rotos como los pequeños asesinos subsaharianos de los que hablabas, o los colombianos que con 8 años tienen más muertes a sus espaldas que un marine, o los Quasimodo, o los Frankenstein, o cualquier persona a las que alguien les rompe la vida un desgraciado día. A ese miedo me refería y, en mi caso, tiene en su mira de forma inevitable a mi hijo, al que siempre desearé, no que no sufra, sino que no viva sufrimientos que no pueda curar.

Vaya rollo... En fin. Besos y pas.

10 Julio 2009 | 09:11 AM

odys

odys dijo

Supongo que ése es el mejor deseo que podría pedir una madre, nacido de su mayor miedo.

Tu hijo, al igual que tú y yo y todos nosotros, tenemos una suerte inmensa de poder vivir en un país en el que esas grandes fracturas espirituales -y corporales- son harto más improbables. Ojalá lo tuviéramos siempre presente, quizá entonces no nos quejaríamos tanto.

Voy comer un plátanu, tengo fame. Muaks!

10 Julio 2009 | 09:51 AM

Amén

Amén dijo

Bon appetit con el plátanu ;)

Veo que todos hemos estado muy coincidentes, vas a tener que escribir algo en lo que no coincidamos para que esté emocionante o discrepante el coloquio.

Besos maguilote y buen fin de semana

10 Julio 2009 | 05:38 PM

odys

odys dijo

No, que me pegan ;-)

Enjoy the weekend, today it´s been a glorious day, thanks to you.

10 Julio 2009 | 08:51 PM

vetton ibero

vetton ibero dijo

¿No se oxida Frank, todo el año metido en el castillo, con lo húmedos que son?
¡Una alcuza, mi castillo por una alcuza!

¡Qué bien escribes!

Un saludo

11 Julio 2009 | 09:46 AM

odys

odys dijo

Algo extrecha, la alcuza, me parece para el fornido Frank. Mejor una cabaña de troncos junto a un lago en las montañas, caña de pescar, jabalina y chavalina :)

Uh uh uhn saludo!

11 Julio 2009 | 12:12 PM

mala

mala dijo

El problema de Frank es que tiene miedo . Debería decir ¡BU! con cierta frecuencia.
Besooooooo

12 Julio 2009 | 12:07 AM

odys

odys dijo

!Bú!-enas noches. Lo que yo me pregunto es...

¿Quién no tendría miedo frente a una turba enloquecida?

!Bú!-enos besos :D

13 Julio 2009 | 12:59 AM

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