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odys

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2 Septiembre 2009

La jaula interior.

 

   Los periquitos no dan picotazos, hincan su pico curvo, aprietan con fuerza y no sueltan mientras no haga lo propio su captor, pero yo tampoco pienso hacerlo, al menos no hasta que la haya llevado de vuelta a su jaula y cierre la puerta que alguien se ha dejado abierta accidentalmente y por la que Pituquina se escapó para adentrarse en otra aún mayor, el salón, una trampa mortal donde los gatos miagan y se revuelven inquietos, bestiales, ansiosos por posar sus garras sobre el pájaro, jugar con él, destrozar sus carnes mientras lo van matando lentamente, ésa es su ley de vida, matar o morir, su naturaleza depredadora también sería la mía si no tuviera el estómago lleno a diario y no encontrara otra cosa a la que hincarle el diente. Son otros los que matan por mí.

 -Un café con leche, por favor.

    La mujer, de edad avanzada, me mira con suspicacia, como siempre que entro allí a tomar un café. Me gusta el sitio, lo suficiente como para sentarme frente a sus amplios ventanales a escribir de vez en cuando, a pesar de quien lo regenta, que quizá desapruebe mi coleta, indigna de un hombre que se precie de serlo, o igual le recuerdo a alguien que alguna vez le causó miedo, dolor, decepción, qué sé yo. Pienso en aquélla, en la otra, acuclillada en una esquina de la habitación inmunda, desnuda, recogida sobre sí misma, vaciando una botella de vino tinto tras otra, no te acerques a mí, silba entre dientes, amenazadora, o riéndose a carcajadas, y pienso en sus dos luces cautivas, perdidas para siempre en la inmensidad de su oscura jaula interior. Pienso en sus padres, que no quisieron creerla, en el hermano que, veinticinco años atrás, la violara, no una ni dos ni tres, repetidas, incontables violaciones, jugando con ella, destrozándola mientras la iba matando lentamente. Gólgota tatuado en los ojos de Alicia en el país de los leprosos, escribí una vez. Alcoholizada, maniaco-depresiva, malévola, vengativa, monstruosa en su desesperación, una demente, en eso se había convertido cuando yo la conocí. ¿Qué habrá sido de ella, qué de sus despojos? Entonces fui incapaz de salvarla, hoy sólo espero que lo hayan conseguido otros.

 

 

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Marián

Marián dijo

Esa imagen del verdugo jugando con su presa me ha encogido. Es así como se crean las jaulas de fuera y de dentro. La jaula interior. La más oscura y castigadora de todas, ¿verdad?

Hace unos años, en uno de esos momentos que, se supone, marca el principio y el final de un tramo del camino, aproveché dos jaulas de distintos tamaños para hacer una fijar un símbolo en mi casa a modo de recordatorio. Enjaulé la pequeña dentro de la grade y las puse en un sitio de paso inevitable. Cada vez que las veo recuerdo que lo único que merece ser enjaulado en mi opinión, es una jaula, ya sea de hiero, de oro, de mandamientos, de pecados, de leyes, de principios, de costumbres, de miedos o de voluntades enfermas. ¿A que la teoría, la bordo? ;-)

Creo que eso de encerrar al periquito para protegerlo me suena de algo… ¿No es así como vivimos la mayoría de los humanos civilizados?

Me ha gustado mucho este artículo. Obliga a reflexionar o a re-reflexionar.

Besos.

2 Septiembre 2009 | 04:22 PM

Jo

Jo dijo

La historia es dura de principio a fin, más dura al final que al principio. Las agresiones de este tipo suelen dejar secuelas para toda la vida, y más cuando el agresor es un miembro de la familia, alguien con quien convivimos cada día. Hay personas que no llegan a superarlo nunca, otras, en cambio, consiguen volver la página, con ayuda psicológica, claro.

2 Septiembre 2009 | 07:49 PM

odys

odys dijo

Buenas, Marián. Hermoso símbolo ése de la jaula encerrada dentro de otra jaula. Como meta o aspiración ideal es admirable. Pero la realidad, compleja y confusa, es un cúmulo de contradicciones en el que se hunden los ideales.

¿Qué hacer con un psicópata? ¿Lo encerramos de por vida, lo soltamos o lo matamos?

Una jaula que se abre por dentro es diferente de otra que lo haga por fuera, ¿no crees? En el primer caso se alza cual bastión defensivo, en el segundo no es sino una prisión. Y sin embargo cárcel y escudo protector pueden llegar a intercambiar sus papeles antes incluso de que lleguemos a sospecharlo. Otras veces nos encerramos voluntariamente, o encerramos a los nuestros, sin saberlo, con su futuro agresor.

Besos, señorita Golondrina.

2 Septiembre 2009 | 10:55 PM

odys

odys dijo

Lo cierto, Jo, es que la primera historia es real, ocurrió esta mañana, dando pie a la segunda, o a su recuerdo, ya que, por desgracia, tampoco es inventada. Hay heridas que ni siquiera el tratamiento psicológico puede llegar a curar, no cuando ya es demasiado tarde.

2 Septiembre 2009 | 11:00 PM

Marián

Marián dijo

Dita sea... ya salió una de esas preguntas incontestables...

Y yo qué sé qué se debe hacer con los psicópatas ni con los torturadores ni con los joputas que le destrozan la vida a los demás sin más razones que su satisfacción o su locura. No me gusta ninguna de las tres opciones. :-(

Se abra por dentro o por fuera, supongo que lo interesante es dar con la cerradura y conseguir la llave. Lo de los bastiones como autodefensa me recuerda a esos castillos tenebrosos con estrechas flecheras como únicos respiraderos. Abrir lo justo para poder defender y atacar... parece una oscura manera de vivir, ¿no?

Que pase usté un buen día, señor Halcón.

3 Septiembre 2009 | 08:35 AM

odys

odys dijo

Me pregunto si, desde el momento en que el hombre descubrió que plantando semillas y cercando bestias podía defenderse de los ciclos y caprichos de la naturaleza, la civilización no se habrá convertido en un inmenso, creciente y complicado bastión.

Y nosotros, ¿qué somos sino un bastión palpitante? ¿No estamos siempre defendiéndonos de la muerte?

Supongo que habrá querido decir "señor gorilón"? Que pase usté un mejor día, señorita Golondrina.

3 Septiembre 2009 | 10:59 AM

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