La empanada
Acababa de aprender que el virus de la gripe B sólo infecta a hombres y focas, entendiendo por tales esos simpáticos mamíferos pinnípedos marinos de la familia Phocidae, y no la suegra de nadie, aun a pesar de los grandes bigotes, el torpor con que arrastran sus formas rechonchas y ese desagradable tufillo a pescado que también desprenden algunas de éstas, cuando recordé que era lunes y que, en consecuencia, tendría que acercarme hasta la panadería a descubrir si me había tocado la empanada que rifan todas las semanas, según me había informado la dulce y esponjosa panadera que me atendiera el otro día mientras envolvía el imperial bizcocho en papel y a mí en su mirada, ya que existía una probabilidad razonablemente elevada de que me tocara en suerte, no ya la joven panadera, el disfrute de cuyos encantos no me constaba fuese a ser otorgado como premio en la timba, sino la empanada, pues contaba en mi poder con un buen número de papeletas, tantas como cuatro, acumuladas en igual número de visitas, o debería decir incursiones, al recientemente inaugurado despacho de pan, dulces y leche.
La candorosa y jovial panadera no estaba, y aunque el encargado del establecimiento anduviera corto de personal y estuviera buscando suplir dicha carencia contratando nuevas dependientas, según decía el cartel que habían colgado en el escaparate tan de repente como aquella misma mañana, quise creer que su ausencia sólo era debida a que ese día descansaba. Ni qué decir tiene que mis boletos no resultaron agraciados con la empanada, probablemente la ganó una foca, no una de las acuáticas, sino de las otras, y ahora se la estará zampando en compañía de su marido, su hija y su yerno, por dios, en qué mundo vivimos, y qué poca vergüenza tienen algunos, la empanada tendría que haber sido mía y no de esa arpía.
El caso es que mientras ponía por escrito el relato conjugado de ambas decepciones me ha surgido una urgencia cuyo significado no entiendo, la de ir a la piscina a chapotear en el agua cual cerdo se refocilaría en el cieno, cosa tanto más extraña cuanto que hace meses que no piso una piscina, ni me sumerjo en sus aguas como pienso hacer en breve, en cuanto termine de redactar esta absurda reflexión que me ha dado por parir tal día como hoy, en tal hora como ésta.


amén dijo
en fin... todo te recuerda a ella.... gripe B? esa no la conozco, tendré que ponerme al día.
La empanada seguro q se la llevó una de Móstoles...
Buen baño!!!! chapotea, nada, bucea, flota, pero..... no tragues agua!!!!! que el cloro va muy mal para la memoria.
Besos tipo B, de eso...
8 Septiembre 2009 | 01:07 PM