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La Coctelera

odys

6 Octubre 2009

Café con soda y unas gotas de hidromiel, un pequeño relato.

 


El hombre que dudaba buscaba amor entre las grietas. A veces, Sole le miraba, a veces, cuando no le veía, él la miraba a ella.

 La mujer que dudaba le buscaba porque amaba su risa, su canto y su tristeza. A veces ella creía saber quién dejaba versos doblados sobre el platillo de hojalata, junto al caballete; a veces Sole soñaba que él la llamaba bella, y que inscribía sus nombres en la arena mientras recogía las piedras que luego ella iría irisando con su pincel.

 Sole se había ido acostumbrando a esas rosas mustias que a veces encontraba junto al platillo de porcelana, sobre alguno de los tapetes que cubrían las mesas del café. "¿Quién sos que así me hablas?", se preguntaba, inquieta, la porteña, y buscaba su rostro entre la gente, un timbre más apasionado que otros, un gesto al fin traicionado, una leve seña, un brillo trascendente. A veces el bastardo la miraba como miraría a una piedra, alzaba una mano indiferente y decía "Sole, ponme otra pócima".

 Camino del roquedal, el bastardo ha hecho alto en la plaza pública, donde el café de Sole tiene su terraza y los predicadores afilan sus dogmas y animan a empuñar banderolas blancas contra banderolas negras. Cuatro casacas grises escuchan al blanco jinete, que, entre cabriola y cabriola, enardecido gesticula sobre su blanca montura: "Soy un héroe, éste es mi destino, he aquí mi momento. No busquéis más la verdad, la verdad no está ahí fuera, yo detento la palabra, sólo la mía es verdadera, sólo mi voz es buena, la de incorruptible pureza. Si mañana el mundo se acaba, habréis de saber que la culpa será de los otros, nunca nuestra".

 -Sí, pero, ¿quiénes son ésos? ¿Cómo saberlo? -inquiere uno.

 -Cualquiera menos nosotros, ¡acabemos con ellos!

 -Ya, pero, ¿cómo sabremos contra quién hay que cargar? -porfía otro-, ¿no somos todos grises por fuera? 

 -Confiad en mí, pues mi boca no miente, yo soy quien ha decir quién es blanco y quién negro, quién de ellos y quién nuestro, quién está conmigo y quién contra mí, quién merece irse con una rosa blanca entre los dientes.

 "Qué verborrea ardiente la del luminoso profeta", piensa el bastardo, "y cómo redoblan sus tambores, hambrientos de sangre y guerra".

 Se ha sentado en la concurrida terraza, donde el sol calienta la mañana y orea la brisa fresca. Sole casi se ríe cuando le ha pedido café cargado con soda, y unas gotas de hidromiel, ¿cómo podría nadie tragarse un brebaje como aquél?

 Las cuatro casacas grises asienten ahora al unísono, aquel caballero vestido de negro les hace sentirse seguros, su sermón no presenta resquicios, no hay incertidumbre en su verbo, lo que es negro es negro y lo que blanco es, blanco ha de morir, nunca más tendrán que elegir, lo hará él por ellos, él, que sólo desea guiarles porque bien les quiere su espíritu dadivoso, pues, aunque grises parecen, han de ser negros si es que él lo dice, y como tales, se sienten también importantes, diferentes, predilectos. En ocasiones, empero, algún que otro despistado, quizá por recién llegado, expresa en viva voz sus interrogantes: -¿Cómo distinguiremos a los malos de los buenos, si tanto todos nos parecemos, Buen Señor?

 -Os lo diré yo, el elegido para guiaros, yo puedo olfatear la blancuzca ponzoña que destilan sus corazones -aúlla el jinete negro a lomos de su negra bestia-, yo los señalaré con el dedo, será mi voz portentosa quien denunciará su corrupta presencia, yo, que nací para la gloria y uncido he sido con la cruz de la victoria". El negro jinete se crece sobre su enjaezado y negro jumento:

 -¡Yo os los mostraré, y entre todos pondremos una rosa negra entre sus dientes!

 "Qué diarrea mental la del sombrío profeta", piensa la porteña, "y cómo muestra sus colmillos, impacientes por hincarse en la carne que caerá en su guerra".

 "La misma cantinela de a diario, los buenos siempre somos nosotros", ironiza él en silencio frente a su sopa boba, mientras ella lamenta que  de paños blancos y paños negros estén llenos los cementerios. Sed de venganza ciega al profeta blanco, fe en su justicia deslumbra al predicador negro, ansias del poder que para ellos quisieran y todavía no paladean, pero ya llegará su día, se acerca, lo presienten.

 El bastardo ya está en el pedrero donde al atardecer extenderá sus trabajos la hermosa porteña, sus óleos, sus paisajes y sus retratos, sus acuarelas. Ella sonríe cuando le ve, dando saltitos a lo lejos, ahí está aquel loco otra vez, buscando esferas blancas y esferas negras entre las rocas, cantos rodados que a veces le trae para que trace sobre ellos amplios arcos irisados que luego sumergirá bajo las olas. Sole tuerce el gesto, una duda asalta su hermoso perfil de porteña. "Mira que si fuera él...". Entonces saca un cuadro inacabado y lo retoma donde lo dejara ayer.

 Y colorín colorado, este cuento sí que está acabado.


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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Mayca

Mayca dijo

A lo buenos días, tengo diez minutitos, voy a ver si me da tiempo a ponerme al día y si no ya sigo en otro momento, coñe, que anda que no has publicado últimamente ¿tu segundo nombre es Blas?

Bueno, a lo que iba, que se me pasan los minutillos, que mola el cuento, porque este de minicuento nada, es larguillo, y eso, que dos bandos diferentes cada uno convencido de que tienen la razón, como la vida misma, claro, que esto es lo que yo he interpretado con mis trastornos, lo mismo querías decir otra cosa.

Besos y collejas hasta ponerme al día.

8 Octubre 2009 | 11:48 AM

odys

odys dijo

Me he convertido en un bloguero compulsivo, de esos que tanto gustaban a Frederic, maestro frigorifero.

Ya quisiera muchos tener tus trastornos, beeeeee!!!

Una vez leí en algún sitio que, dado un relato determinado, éste se multiplica metamorfoseándose en tantas versiones diferentes como lectores posen sobre él sus ojos, and I agree.

Besos y canutillos hasta que me corte el flequillo.

8 Octubre 2009 | 10:56 PM

Mayca

Mayca dijo

Me alegra que digas eso del relato, verás, hace tiempo hice un curso de Normas y Límites, en lo que a los niños se refiere, ahora mismo no me acuerdo muy bien el por qué de aquel ejercicio, pero nos colocamos todos sentados en un medio círculo. La psicóloga que nos daba el curso le dio a la primera persona una historia escrita breve, ésta se la contó al oído a la segunda, la segunda a la siguiente y así hasta llegar a la última persona del curso, bien, pues de la última versión a la primera había un mundo, y te aseguro que la historia no era nada complicada ni nada de eso y como mucho seríamos unas 15 personas apuntadas al curso...

Es decir, que hay que joderse (con perdón) de lo que interpretamos cada uno y la de líos que pueden traer determinadas interpretaciones en un determinado momento y con determinadas personas, por ejemplo en la puerta de los colegios cada día, es como dice mi abuela "pa mear y no echar gota"

Más MUACKIS!!

9 Octubre 2009 | 10:01 AM

odys

odys dijo

Sip, el otro día iba yo de paseo, trocotroc trocotroc, cuando escuché una conversación entre dos señoras de respetable edad, una decía que había oído en la radio que dentro de unos años ya nadie sabría hacer nada porque se pasarían todo el día en internet, la otra dijo que era cierto, que se estaban perdiendo esas cosas que ellas siempre habían hecho, como atender un huerto, hacer un guisado o rezar el rosario, y la otra que sí pero que les daba igual porque hoy todo se podía conseguir en internet, hasta la compra te la traían a casa, que por eso había tanto obeso, como aquéllos dos de allí, mira, mira, si es que es una vergüenza, si hicieran un poco más de ejercicio en vez de estar todo el día apoltronados, y encima se están besando, trocotroc trocotroc, no oí nada más porque me alejé de allí.

Te envío un ramillete de MUACKIS por internet :D

9 Octubre 2009 | 11:53 AM

JOSE ANTONIO

JOSE ANTONIO dijo

Uy, este libro ya lo leí yo, se llamaba el Ocho, sí, lo escribió una tía que se llamaba Catalina en inglés, es que yo de idiomas...

No, yo no suelo leer novela, lo compré un día que iba algo bolinga y leí "El Chocho" y pensaba que era erótico, y luego nada, era de una partida de ajedrez pero con personas o algo...

Te ha quedado muy bien el resumen, ahora que lo pienso, yo creo que el libro no trataba de lo que tú cuentas, será otro cosa, escusemuá.

9 Octubre 2009 | 10:59 PM

odys

odys dijo

Creo que tu comentario casaría mejor en el post titulado JAQUE, Jose Antonio, machote, ¿ya has estado dándole otra vez al ron Cervantes?

¿Has leído el libro gordo de Falete? Pídelo en las librerías especializadas, una pasada, tío, te lo recomiendo.

Choca esos cinco.

10 Octubre 2009 | 01:11 AM

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