56. Kutre story, una novela on-line. Capítulo quinto: La llegada (VIII)
Encontré a Murphy antes que el baño, ocupado con unas fritangas en la cocina, adonde arribé siguiendo el hilo del estribillo de un conocido tema que estaba fundiendo la radio, el Smoke on the water de Deep Purple. Debían de tener la calefacción a todo trapo en aquella casa, porque me había levantado sudando, y aunque iba en mangas de camisa seguía teniendo un calor de mil demonios. Las ventanas de la cocina, empañadas por el vaho, mostraban unos exteriores lechosos e informes pero radiantes, lo que indicaba que había amanecido bonito y lucía el sol. El irlandés llevaba el torso desnudo, y unos calzoncillos largos de lana, de esos que llegan hasta los tobillos. Con un pie descalzo golpeaba el suelo al compás de la música mientras aporreaba el canto del sartén con una cuchara de madera. Ya había comenzado a beber.
-¡Españolo, bésame el culo! -dijo entre risotadas, se notaba que se alegraba de verme, y yo me alegré también. Me indicó con un ademán el camino del servicio cuando pregunté por él, así que crucé la cocina y salí a una especie de lavadero, donde había dos puertas, una acristalada que daba a un patio trasero en el que podía verse el chasis de un coche, cascarón vacío y herrumbroso medio engullido por la maleza, y otra a un estrecho retrete en el que hacía tanto frío que nada me hubiera extrañado si hubiera terminado meando cubitos de hielo, pero no lo hice, lo que es de agradecer, aun así la evacuación se me hizo eterna, regresé tiritando y Murphy me lanzó una lata de cerveza negra que recogí al vuelo, dijo que era lo mejor para la resaca, sabía asquerosa, no me gusta la cerveza negra, pero es verdad que después de beberla me sentí algo mejor, aunque tampoco estaba como para ponerme a tirar tracas. Desayunamos a la inglesa, un par de huevos y otro de tostadas con mantequilla, puré de patata, champiñones y beicon y salchichas, y alubias en salsa de tomate, muchas, redondas y diminutas, qué tío el Murphy, las comía con un palillo, de una en una y muy deprisa, tiquitiqui tiquitiqui, decía que estaba preparándose para entrar un día en el libro Guinnes de los récords, para lo que tendría que zamparse de tal guisa no sé cuántos trillones de alubias en cinco minutos, me daban arcadas sólo de pensarlo, entonces recordé lo que me había dicho antes la chica cadavérica del pijama y las pantuflas, así que le pregunté a Murphy si era la suya, su chica, y le presenté mis disculpas por haber vomitado sobre la tele, pero él se rió y dijo que no pasaba nada porque de vez en cuando fuera la tele la que recibiera basura de los televidentes y no al revés, para variar. Añadió algo que me dejó alucinando, que el vómito ya estaba allí cuando llegamos y que se había encargado él de limpiarlo, que había sido obra de Tracy, la chica del pijama y su compañera de piso, y que no me dejara engañar por sus maneras dominicales de mosquita muerta, porque todos los sábados pillaba unas curdas monumentales, y si no había encontrado a un tío al que traerse a casa, al día siguiente, es decir hoy, estaría insoportable, como era el caso.
-El resto de la semana es una tía cojonuda, pero los domingos, si no ha trincado, se convierte en una mala perra que odia a todo bicho viviente -concluyó-, así que lo mejor es no hacerle caso.
(Continuará...)



lluna dijo
Hola Odys,
Otra vez por aquí y al leer que Murphy freía los huevos a ritmo de Deep Purple no he podido reprimir la tentación de comentar ya que, yo limpio la casa a ritmo de Highway Star, vamos me pongo el Made in Japan y dejo la casa como los chorros del oro...solo por eso que Murphy ya me cae bien, bueno, por lo de ayer también.
Vaya antrillo ha ido a parar Tristán, aunque parece que, a pesar de todo, hay buen rollo.
Muy bueno lo de la "telebasura", si, por que no.
No me extiendo más, ya te comentaré más profundamente.
Ahora ya me apunto el nº de capitulo por lo que ya no me fijaré en el día, me guiaré por el capítulo.
Besos!!!
28 Octubre 2009 | 08:54 PM