60. Kutre story, una novela on-line. Capítulo quinto: La llegada (XII)
No fueron dos sino tres las llamadas por mí efectuadas aquel día. La primera resultó infructuosa porque, según supe luego, en el momento de producirse Pánfilo Viriato no se hallaba presente en nuestro hogar, dulce hogar, sino en el taller de un chapista amigo suyo. La segunda fue realizada al videoclub Polvos y estrellas, el pequeño y decadente negocio familiar cuyos mandos empuñaba mi hermano (sin mucho éxito, todo hay que decirlo) desde que a mi padre le diera la ventolera de dejarlo todo para irse a vivir la buena vida a Palma de Mallorca (por cierto que ésa es una historia de la que aún no os he hablado y que quizá convendría tocar, si bien no he encontrado en mi apretada agenda un hueco pertinente donde hacerlo todavía); casi lloro de la emoción que me causó reconocer al otro lado de la línea la voz de mi querida Oculta Trufas. Fue por boca suya que fui puesto al corriente de las malas nuevas, por no tildarlas de pésimas, y es que los ángeles no siempre son portadores de mensajes de paz, amor y armonía. Malas nuevas que fueron éstas:
Después de recibir el mensaje de texto en el que le informaba de mi situación personal por un lado, y de la ubicación geográfica de su coche por otro, Pánfilo Viriato había empleado una buena parte de la mañana del día de ayer buscando por toda la casa la copia del juego de llaves del vehículo, dado que el original obraba en mi poder y yo me encontraba ilocalizable, quién sabía dónde. Como quiera que tenía que ir a trabajar y las llaves no aparecían, Pánfilo Viriato había resuelto abandonar la búsqueda temporalmente para permanecer expectante ante el natural desarrollo de los acontecimientos, quizá porque todavía estaba convencido de que yo estaba de coña, y no, como se desprendía de mi mensaje telefónico, en el extranjero. Al rato de llegar mi hermano al videoclub, y mientras estaba poniendo a Oculta en antecedentes, Bigardito había hecho acto de presencia. Iba vestido con ropas de camuflaje, polainas y botas de montaña y una boina roja sobre la enmarañada pelambrera, y llevaba a la espalda una mochila voluminosa de la que colgaban, amarradas, una cantimplora, una fiambrera y algunas cazuelas de aluminio que al andar colisionaban entre sí de forma un tanto ruidosa, junto con un saco de dormir y una tienda de campaña. Bigardito les había referido la extraña revelación que había tenido en la playa el día de Año Nuevo, según la cual Gijón iba a sufrir una inundación de proporciones cataclísmicas en un futuro inmediato, y que si querían salvarse harían bien en asumir su liderazgo y seguirle en pos de tierras altas y seguras, donde no llegaran las aguas. Tras haber cruzado miradas con Oculta, Pánfilo Viriato había respondido que el negocio era el negocio, y que no podía permitirse el lujo de cerrar el videoclub así como así, pero que si le daba una dirección donde poder encontrarle, irían a visitarle el domingo por la tarde. Bigardito dijo que le tomaba la palabra, y que encontrarían plantada su tienda en la finca que sus padres tenían en Deva. Luego solicitó de mi hermano que le hiciera el favor de no tirar la gaviota que yo había guardado en el congelador de la cocina, ya que quería llevarla al taxidermista más adelante, cuando las aguas hubieran retrocedido y él pudiera regresar a la villa gijonesa a fundar el grupo ecologista Los surferos del Apocalipsis, en cuyo centro social pensaba colocar aquel ave, una vez disecada, con las alas desplegadas, como símbolo de libertad y esperanza frente a los terribles tiempos que se avecinaban. Era tal la determinación que dejaba transpirar su discurso, que ni Pánfilo Viriato ni Oculta se habían atrevido a contradecirle, decidiendo ambos, de común acuerdo en el breve intercambio de palabras que tuvieron en un aparte, que en cuanto Bigardito saliera por aquella puerta sería aconsejable que pusieran sobre aviso a sus padres. Los padres de Bigardito, que eran dueños de una de las mayores agencias inmobiliarias de Asturias, residían en Oviedo, mientras que su hijo lo hacía en Gijón, en el pisito de estudiante que su padre le había cedido en usufructo hasta que terminara sus estudios de Empresariales y pudiera incorporarse a alguna de las oficinas que el boyante negocio familiar tenía repartidas por toda la región, por lo que era más que razonable suponer que aquéllos no estuvieran al corriente del errático comportamiento que estaba teniendo su vástago primogénito.
Ya se estaba despidiendo mi amigo cuando a Oculta se le había ocurrido preguntarle si últimamente había tenido noticias mías.
-Sí, claro -respondió Bigardito-, ayer por la noche le llamé para que se uniera a mi lucha. Me dijo que no podía, que iba a estar muy ocupado porque se iba a Londres, con carácter urgente y en misión secreta. ¿Por qué lo preguntas? ¿Es que ya se ha ido?
(Continuará...)


odys dijo
Al final de esta entrega he añadido el siguiente párrafo, con 24 horas de retraso con respecto al momento de publicar la entrega:
"Los padres de Bigardito, que eran dueños de una de las mayores agencias inmobiliarias de Asturias, residían en Oviedo, mientras que su hijo lo hacía en Gijón, en el pisito de estudiante que su padre le había cedido en usufructo hasta que terminara sus estudios de Empresariales y pudiera incorporarse a alguna de las oficinas que el boyante negocio familiar tenía repartidas por toda la región, por lo que era más que razonable suponer que aquéllos no estuvieran al corriente del errático comportamiento que estaba teniendo su vástago primogénito".
Good day and good finde!
7 Noviembre 2009 | 12:52 PM