65. Kutre story, una novela on-line. Capítulo quinto: La llegada (XVII)
Al efecto de recuperar la requerida paz interior, me propuse realizar un sencillo ejercicio de relajación que consiste en utilizar el sistema binario de numeración para tratar de ejercer un control exhaustivo sobre el ritmo de la respiración estomacal, asigné un uno a las inspiraciones, un cero a las expiraciones e inicié la cuenta mientras insuflaba y exuflaba (este verbo, exuflar, me lo acabo de inventar yo, no creo que tenga ningún interés académico, ni que sea adoptado por generaciones futuras de hispanohablantes, pero queda muy bien como contraposición al otro, insuflar, que proviene del latín insufflare) chorretones de aire hacia y desde mis pulmones, pero me sobrevino un acceso de tos por causa de una flema atravesada, casi me afuego, y terminé liándome con los números, me vi obligado a dejarlo cuando iba por el 10101, que tampoco está nada mal. Marqué el número de teléfono que me había dado la señora Maruja. Era el de El urogallo borracho. La señal de llamada sonó repetidas veces hasta que la voz cavernosa de Belfo, el barman, tomó posesión del aparato. Pensé, sobre la marcha, en distorsionar la mía, dándole una modulación distinta que me permitiera adoptar otra personalidad, después de todo lo que había pasado no estaba seguro de que una llamada mía recibiera cálida acogida de otro miembro de los Matamoros que no fuera mi amable y pechugona anfitriona, la señora Maruja.
-Hola, boniato -dije, adoptando una voz suave como la gamuza-, que la paz del Señor esté contigo. ¿Está tu madre por ahí?
-Eso depende, ¿quién pregunta por ella?
-Soy... Antoñita Parrabos, presidenta de la Congregación Mariana del Santo Sepulcro, por la gracia de Dios. Llamaba para que la Maru nos confirmase si va a venir a rezar el rosario el viernes que viene. También jugaremos al parchís y serviremos unas pastas, te lo digo por si te quieres unir a nosotras.
-Paso, tía, un momento, que te la paso.
-Que Dios te lo pague, hijo, ora pro nobis -dije, y colgué. Con eso tenía suficiente, no necesitaba hablar con la señora Maruja, sólo saber que seguía entre los vivos o, lo que es lo mismo, que el padre Apelvis no le había dado pasaporte, en parte era una lástima, porque le hubiera proporcionado a mi novela un giro macabro que te cagas, pero también me alegré por ella, era buena gente, y no como otras. Quizá me había dejado llevar por la imaginación, quizá la señora Maruja no estaba chantajeando al padre Apelvis y éste había acudido en su auxilio por voluntad propia, sin ser víctima de la coacción, el miedo a que su pecaminoso pasado fuera descubierto, o el remordimiento. Sería conveniente que, mientras continuaba con mis pesquisas, fuera atando todos los cabos que en aquella historia seguían sueltos. Por ejemplo, ¿estarían la señora Maruja y el mediático curita liados? Una vez más, también cabía dentro de lo posible que únicamente les uniera una amistad sincera, y que hubieran quedado citados en aquel hotel de Gijón hasta donde les seguí para dialogar en privado, y no para dedicarse al vil fornicio como habían hecho Oculta y Pánfilo Viriato, cada vez estaba más convencido de que estos dos se habían confabulado para enviarme lejos, cuanto más lejos mejor, no fuera a ser que el pardillo de Tristán fuera a molestarles mientras iban de polvo en polvo y me la tiro porque me toca, ¿no había sido Oculta quien me había empujado a viajar a Londres? Sal a correr aventuras, pardillo, ¿no ves que quiero cepillarme a tu hermano? Tonto de mí que la creí, seguro que ni siquiera le gustaba cómo escribía, con toda seguridad aborrecía todos aquellos cuentos que le había dejado leer. ¿Desde cuándo lo tendría todo planeado? ¿Merecía la pena seguir buscando a Eva María Matamoros? ¿Por qué no lo mandaba todo a tomar por saco y regresaba a casa? A saber qué cara pondrían esos traidores, con lo felices que se las debían de estar prometiendo ahora que tenían la casita para ellos solos. Se lo estarían montando en todas partes, en la salita, en el lavabo, en la ducha, en la despensa, encima de la aspiradora, haciendo equilibrios sobre un cuadro, yo qué sé, como descubriera que lo habían hecho en mi cama me iban a oír, vaya si me iban a oír.
(Continuará...)



Cuny dijo
Hola brother, me he leído en unos días tu novela, y la verdad que me lo he pasado en grande y me he echado unas risas, gracias por estos ratos. Por cierto ¿sabes algo del hermano perdido del señor Nillos? se llamaba Ai-tor. Creo que yo también recuerdo al sr Marlowe y sus entretenidas clases de inglés que me han permitido defenderme como un lobo ahora que estoy en London. Por cierto igual un día me paso a ver a Murphy. Saludos
14 Noviembre 2009 | 02:58 PM